Aladino, el valor de la sencillez y la humildad
En la tarde del pasado martes, día 6 de noviembre, una llamada a mi teléfono en Madrid me dio la triste noticia, el inesperado fallecimiento de un amigo, de Aladino Cazón Trapote, que nos dejó el pasado domingo, a causa de un infarto, a los 46 años de edad. En ese mismo momento mi mente se desplazó a Asturias, y recordé todos aquellos momentos que he podido disfrutar de su compañía, de su alegría y de su humildad. Porque la humildad, sencillez y nobleza eran constantes en todo aquello que hacía.
Fue trabajador incansable, tanto en su entrañable negocio de la calle Mon, como en su Cofradía de Jesús Nazareno, a la que dedicó gran parte de su tiempo y por la que nos conocimos en una primavera de 1995. Desde esta fecha hasta hoy son multitud los recuerdos, los gestos, los anhelos que compartíamos, en una Semana Santa que empezaba a desperezarse de aquel largo letargo de casi treinta años. La actual Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno estuvo desde su refundación muy ligada a ese comercio de la calle Mon. Primero en la inolvidable persona de don Ángel Álvarez «Ronderos» y tras su fallecimiento fue Aladino quien recogió el testigo de la ilusión y la llama del amor desinteresado hacia su Cofradía, que supo transmitir con su ejemplo de voluntad, esfuerzo y carácter leonés.
Ahora será difícil volver la mirada a ese rincón de Oviedo, a buen seguro sentiremos la ausencia de aquel comercio familiar a los pies de la imponente torre de la Catedral, aquel viejo local que en los días de Cuaresma se teñía de morado y en el que Aladino, muchas veces en compañía de sus padres, te recibía siempre con alegría y la certeza de que allí estaría él.
El fin de la vida inesperado es un terrible golpe, Aladino ha dejado tras de sí su ejemplo, que ha de reconfortarnos de su ausencia. Julio Llamazares, escritor leonés dice: «El tiempo fluye siempre igual que el río: melancólico e inequívoco al principio, precipitándose asimismo a medida que los años van pasando».
La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno sentirá su ausencia, ha dejado con su carácter y tanto trabajo anónimo una marca imborrable en todos aquellos que hemos colaborado a su lado. Pero su forma de ser, de hacer las cosas, en una sociedad como la de hoy, siempre estarán en nuestro recuerdo: su sencillez, nobleza y humildad.
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