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A vueltas con el PIB

13 de Noviembre del 2012 - Manuel Hernández Muñiz (Lugones, Siero)

La premiada Marta C. Nussbaum pone a tiro el PIB y Juan Velarde hace un pequeño derroche de erudición (LA NUEVA ESPAÑA, martes 6 de noviembre de 2012) con capón indirecto al jurado del premio «Príncipe de Asturias» de Ciencias Sociales, por juntar peras con manzanas. Comenta Nussbaum en su breve discurso (LA NUEVA ESPAÑA, sábado 27 de octubre de 2012, página 7): el PIB no es suficiente para evaluar la calidad de vida nacional y muchas de las cosas buenas que la gente hace para salir adelante, para progresar. Hasta aquí, un reproche generalmente aceptado. Pero las preguntas relevantes son: ¿para qué necesitamos el PIB?, ¿por qué los economistas se inventaron esta medida, de tanto éxito?, ¿para medir el bienestar? O, mejor aún, ¿qué diablos mide el PIB?

Veamos. John M. Keynes se enfrentó a un problema sin precedentes: comprender el monumental batacazo de las economías más desarrolladas durante la Gran Depresión. Keynes escribió la «Teoría general» y creó una forma de representar, observar y explicar la realidad muy original y compleja: la visión macro de las cosas.Y en esa tarea hizo famosa una identidad que ya andaba en circulación: la del PIB en una economía cerrada (el planeta Tierra, es oportuno recordarlo, es una economía cerrada). ¿Qué quería y necesitaba medir en la «Teoría general»? En sus manos, el PIB ofrece una medida del ciclo económico; se trata de un tosco y frágil termómetro de los auges y las caídas de la economía en breves períodos de tiempo. Y lo escribió de forma clara y sencilla: valor de la producción = consumo + inversión. Éste es un detalle crucial omitido por Nussbaum y muchos seguidores de una amplia literatura interesada en omitir el contexto del descubrimiento de una buena idea. Lo que no es el PIB es evidente: si quisiéramos medir el bienestar, hubiera sido suficiente definirlo, por ejemplo, como «bienestar = consumo» y, a continuación, contratar los servicios de psicólogos, sociólogos, filósofos o sacerdotes para demarcar cuáles son esos «bienes» y «servicios» que producen «bienestar» cuando los usamos.

¿Qué pinta en la definición del PIB la inversión? Éste es el punto clave para entender de verdad qué puñetas mide el PIB (con minúsculas). Keynes la sumó para observar y medir la parte más volátil del gasto agregado de las economías y que es donde se originan los auges y las caídas de lo que está en el «lado izquierdo» de la identidad. En la prosa original de Keynes, los «animal spirit» que bullen en nuestra cabeza y que calientan o enfrían la inversión, las decisiones de ahorro. Ahora que estamos en el ojo del huracán, dejo en manos del lector el juicio de valorar si las informaciones publicadas por los organismos oficiales sirven o no para responder al fin para el cual fue creada esta medida que da tanto que hablar: detectar las recesiones (o depresiones) que padecen las economías modernas. Porque la prueba de un buen pastel es comérselo y la de un termómetro, dar una temperatura, con un margen de error aceptable.

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