Una payasada
Lo de Cataluña es mejor tomarlo a chufla que en serio, porque el majara de Artur Mas se parece ya más a un Fofito que a un presidente de una comunidad, perdón, de una nación, como ya se titula él. Y toda esta ridícula y bufa parodia sediciosa y separatista, nos hace recordar a aquella popular y simpática familia de payasos, que fueron deleite, humor y alegría de pequeños y mayores. Siempre comenzaban sus actuaciones, ruidosos y alegres, cantando aquello de... «Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón». Pues bien, esto es lo que el payaso de Mas y sus compañeros de circo político y separatista hacen en la pista catalana; únicamente que, en vez de alegrar el corazón, lo que despiertan es indignación; una indignación jocosa, si se quiere.
Y entrando ya en el terreno de la chufla y el pitorreo, recordamos a la sazón a otra familia famosa que hizo historia en el cine de humor, un humor disparatado y con una gracia enorme. Ellos, como el Gordo y el Flaco, dieron un rumbo nuevo al cine de humor, pero sin olvidar a sus iniciadores como Tomasín, Sandalio, Harold y el gran Charlot. Naturalmente, nos referimos a los Hermanos Marx, geniales y buenos músicos, cuya batuta humorística dirigía el irrepetible Groucho, con su bigotazo y su famoso puro. ¿Recuerdan, amigos, aquella película de los Hermanos Marx, metidos en el camarote de un barco, atiborrado de gente, todo patas arriba, la que liaron los susodichos? Pues esto es lo que está ocurriendo hoy en Cataluña, camarote separatista en el que este nuevo Groucho Marx, sin gracia y con muy mala leche, la está liando a base de bien. Sí, todo está allí patas arriba también, y la culpa, según dice este payaso, es toda de Mariano, que no le manda más perras. ¡Menuda perra que ha cogido con el vil parné! Que él dilapidó y derrochó a manos llenas, en chorradas y en su sediciosa política, llevando a un gran pueblo a la ruina. Y ahora, en plan coña, esto:
–Oye, Mariano, o me das perras o te declaro la guerra. Mira, mis aguerridos y heroicos Mossos d’Esquadra forman ya una legión, con cabra y todo.
El Mariano, que es presidente del Gobierno y está friendo a impuestos y recortes al ciudadano, sonríe, mira para otro lado, y le suelta otros milloncejos al catalán con su generosa mano. Groucho Marx, una vez más, ha salido ganando. Se fuma un puro, y en el revuelto camarote separatista catalán, la sigue liando. Continúa la representación bufa, en la que cada payaso representa el papel sedicioso que tiene asignado. Una payasada, vamos, que no merece más comentario.
Sí, había una vez un circo...
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