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Un ejemplo para Ventanielles

18 de Noviembre del 2012 - Ceferino Suárez De los Ángeles (Illas)

Siento haberme enterado tan tarde de la muerte de Daniel Fernández Malvárez, fallecido en Oviedo el 12 de julio pasado. De veras. Como siento también que sea hoy mía esa experiencia tan contradictoria: lamentar la pérdida de tantos valores que sufre nuestra sociedad y, al mismo tiempo, no valorar aquellos que tenemos tan cercanos.

Tal vez alguien en Ventanielles, por ejemplo, pueda enumerar los años y meses que Malvárez dedicó a Cáritas parroquial; pero estoy seguro de que no encontraréis a nadie capaz de saber las horas de trabajo que este hombre le dedicó. Aportó días y horas a las tareas más amargas de nuestro vivir humano. En los tiempos más difíciles, se dio cita con el hambre, sufrimiento, soledad y fracaso de mucha gente. Y lo hacía en esos años en los que los pobres éramos la inmensa mayoría. Con la mayor amabilidad y sencillez. Como si para él la vida verdadera estuviera siempre en los márgenes, no en el centro.

Fue siempre un ejemplo. Su fe sabía siempre de lo que hablaba por experiencia propia. Y además, un ejemplo prudente: sabía que no existían atajos que nos condujesen a un mundo a la medida. Y bien veía que la sabiduría cristiana era la inteligencia aplicada a la creación de una vida buena. Siempre daba la impresión de que para él lo de dentro nunca era enemigo de lo de fuera. Entendía que el amor cristiano, como el humano, siempre era una respuesta. No os exagero si os digo que desde hace años Malvárez me parecía pura artesanía de Dios.

La fe que acreditaba ante Dios la acreditaba a la vez de un modo humano y mundano. Y ante tanta necesidad, para mi ejemplo, nunca mostró parálisis alguna, sino que me enseñó a realizar de alguna manera la parte de verdad y esperanza que uno tiene. El hombre sólo llega a ser realmente persona cuando se entrega a los demás.

Creo que ante una vida tan ejemplar, Cáritas, la diócesis y las parroquias de Ventanielles y Guillén Lafuerza han contraído su mayor deuda. Si nuestros templos no sólo son casas de Dios, sino también hogares acogedores de sus comunidades, en alguno tendría que aparecer con orgullo en nombre de D. Daniel Fernández Malvárez. Un hombre que nunca tuvo enemigos entre los pobres. Ni los encontraréis tampoco hoy en Oviedo.

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