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Un negocio redondo aunque falto de escrúpulos

23 de Noviembre del 2012 - Francisco M. Domínguez Menéndez (Avilés)

Si no fuera por el drama que afecta a millones de familias, la situación actual que sufrimos parece de guasa. Un mal día te avisa el patrón de que la empresa se ve obligada a prescindir de tus servicios porque el banco no le da crédito para seguir manteniendo la producción a flote, ya que las entidades financieras se quedaron sin fondos de capital al haberlos invertido en el ruinoso negocio de las hipotecas subprime importadas de USA en paquetitos, y la volatilidad de los mercados, contaminados por la falta de escrúpulos financieros y controles públicos norteamericanos, que en eso basa la práctica liberal sus principios filosóficos, no augura nada bueno.

Tú, que no entiendes nada, piensas, con buen criterio, que algo más tiene que haber para que las entidades bancarias cierren los créditos a cal y canto. Y no te equivocas, resulta que a las pérdidas multimillonarias importadas vía fondos de inversión de alto riesgo, la banca más cercana, las cajas de ahorros, tienen su propio cristo montado en terreno patrio. Las citadas entidades, con el edificante propósito de repartir beneficios anuales entre sus socios capitalistas, tratan como activos que revalorizan año tras año las miles de viviendas que, también, año tras año esperan comprador. La bola fue creciendo hasta encontrarnos con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, reventón que nos abocó a la mayor crisis monetaria y de financiación pública jamás vivida en nuestro país, más evidenciada al no disponer de un banco central propio y agudizada por la tardanza en admitir, por tanto controlar, un tsunami económico de proporciones gigantescas con epicentro en Bankia.

Pero, mira por dónde, mientras el pueblo se queda sin empleo, subvencionado temporalmente por los fondos públicos para el pago de prestaciones por desempleo, los ejecutivos bancarios domésticos, causantes en gran parte de la agonía social, se blindan mediante contratos y las llamadas stock options, que son algo así como un seguro económico millonario que garantiza no sólo la supervivencia tuya y de toda tu familia, sino la de las generaciones posteriores. Muy solidario este mundo capitalista, y no es que el otro sea mejor.

El resultado final ya lo estamos viendo: un negocio redondo para las entidades financieras por la vía del BOE. Primero te quitan la vivienda por no poder hacer frente a la hipoteca gracias a la pérdida de empleo y sueldo provocada por su mala gestión, pero la deuda residual sigue viva. Después, por la vía impositiva, cubres la deuda del mismo banco que te dejó sin techo. Más tarde, y si tienes suerte, abandonas el bajo-puente al ofrecerte la misma entidad, ya que no encuentra comprador, la vivienda en renta y, finalmente, la depresión originada por tan elevado surrealismo amoral acaba contigo. Pero hete aquí que a los poderes públicos les entra de repente un ataque justiciero de decencia y resuelven, después de muchos años y más desesperación, suavizar el término desahucio y redefinirlo de nuevo. Claro que, para entonces, ya Europa les puso la cara roja y no se explica cómo los hechos no condujeron a la región más romanizada del imperio hacia la explosión social. Lo triste de todo esto es que aún hay ciudadanos con poder mediático que se cuestionan la necesidad de la pasada huelga general del día 14 bajo el argumento de su contribución al aumento de la precariedad económica nacional y la nula ayuda que tal medida de presión tiene sobre lo más urgente y necesario: la creación de empleo.

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