Érase una vez las mujeres invisibles
Érase una vez una niña que por las noches soñaba con historias de princesas esperando príncipes azules. Creció y aprendió muchas cosas. Aprendió a ser una buena chica. Las matemáticas le sirvieron para saber contar hasta 10 y, mientras, ahogar sus contradicciones, todo lo no perfecto en ella. Pronto olvidó la Gramática porque una buena chica se calla. Una buena chica se contiene para que otros se sientan cómodos.
Pronto la convencieron de que su interior era color de rosa y vio que otras mujeres, como su madre, asumían que el reconocimiento es para los hombres y el poder de las mujeres es secreto.
Esta niña buena se hizo mayor y un día, y otro más, le partieron la boca para recordarle que es mejor estar callada.
Entonces lloró a solas. Entonces, va perdiendo sus deseos pero no olvida los deseos de quien está a su lado en la cama. Llora a solas un poco más. Y se olvida de ser mujer, de ser persona con un corazón libre.
Y colorín, colorado, este cuento no se ha terminado.
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