El color del cristal
Ya se sabe: nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira.
Estoy convencido de que la naturaleza es la muestra más concluyente del pasotismo absoluto, a pesar de que el llevar escuchando toda la vida la gaita esa de lo inteligente que es la tal, no deja de provocarme una ligera duda acerca de mi condición mental.
Pero, en fin, digo yo que si la naturaleza tuviera pelín de inteligencia, entre otras cosas, habría imposibilitado que la razón mirara a través de cristal alguno, para que únicamente pudiera hacerlo de forma directa y así no desvirtuara la cuestión objeto de análisis. No lo ha hecho y, lo que me parece a mí que es peor, se ha mostrado tan rácana en la dotación intelectual del individuo que la gran mayoría, aun sabiendo que va a mirar a través de un cristal, no se esfuerza en elegir uno incoloro, que simplemente sea transparente, para aproximarse así a la verdad de forma más concluyente.
Y ahí están los comunicadores con medios, dando sus opiniones, convirtiendo en palabras sus visiones de una realidad alterada por los diferentes colores de sus cristales mentales.
He leído algo que, sin éxito, traté de buscar para repetirlo textualmente. Venía a decir que Del Bosque debiera ser el paradigma de los españoles. Ahora, tratando, como he dicho, de buscar la afirmación original, me he encontrado una gran exaltación del virtuosismo del mencionado, con proposiciones incluso para hacerlo presidente del Gobierno.
Por supuesto que, estaré equivocado, pero no tengo duda de mirar la realidad sin la intermediación de ningún cristal, y ¿qué veo? Por un lado un entrenador que ha fracasado totalmente en los equipos en que ha estado y cuya mayor virtud, en este campo, ha sido mantener la línea de un equipo ya formado como es la selección nacional. Y por otro lado un señor nacido en Salamanca que ha pasado más de treinta años vinculado al Real Madrid, que siempre se había venido mostrando casi tan madridista como Santiago Bernabeu y que hace no sé, un año, más o menos, qué importan unos meses arriba o abajo, dice que ahora en los enfrentamientos Madrid-Barça tiene el corazón dividido. En definitiva, siguiendo su vida pública, y ya mostrándose muy considerado en el juicio, el desempeño de sus actividades profesionales demuestra claramente que la mayor virtud del hoy seleccionador nacional es la de no estropear lo bueno que toca; pero, desde luego, con mayor claridad aún se ve que es incapaz de aportar ideas nuevas que puedan mejorar algo que clame por mejoras. ¡Y! en el improbable caso de tenerlas, no queda menos claro que ante el temor al fracaso y la confrontación, y que nadie piense en simplezas tales como el delantero centro de verdad o de mentira, no estaría en su ánimo el aplicarlas y defenderlas.
Más no voy a argumentar, sólo preguntar: ¿es éste el hombre? ¡Por favor!
Más tarde, y es lo que acabó por traerme a escribir, he oído a un periodista que dice estar totalmente de acuerdo con la indemnización a las familias de los etarras ajusticiados en los últimos días de Franco. Apoya su criterio argumentando que siendo Franco un dictador y la dictadura intrínsicamente mala e injusta, malo e injusto ha de ser todo lo proveniente de ella, entre otras cosas el fallo que sentenció a los etarras.
Desde mi óptica que, repito, considero no interferida por el color de cristal alguno, pregunto: ¿Infiere la condición del verdugo en los actos punibles cometidos por el reo? ¿Deja un culpable de serlo si no es castigado por un querubín de impoluta pureza? ¡Ojo! ¡Hay que tenerlo muy en cuenta! Visto lo visto: Si un cabrón es condenado por otro cabrón automáticamente será exonerado el cabrón condenado.
Según el criterio de este señor, la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror durante la dictadura de Franco crea dos víctimas igualitarias: el que los lleva a cabo y el que los sufre, que como tales han de ser tratadas con el mismo respeto y consideración. Consecuentemente, las persecuciones, capturas, sentencias y cumplimiento de las mismas durante dicho periodo no eran procedentes. Lo procedente habría sido contactar a los ejecutores de actos terroristas para prestarles asistencia sicológica que les ayudara a superar su dolor. Y en vista de que no fue así, lo que ahora hay que hacer es contactar con los afectados por ese despropósito para fijar y otorgar la cuantía de las indemnizaciones pertinentes que les corresponden.
El ponerme yo, apenas escolarizado, a especular sobre los criterios de profesionales titulados universitarios, encargados de informar y opinar y, por tanto, implícitamente, para crear opinión, ¿significará que estoy como una chota, obnubilado por un cristal adulterado? ¿Será posible? ¿Tan senil estoy? Menuda duda me han creado estas opiniones.
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