El médico no cuenta
Para mí está bastante claro. La huelga sanitaria en Asturias obedece a una provocación de nuestros altos cargos sanitarios. Eso, o de otra manera, estamos en manos de personas de muy pocas luces. Aquí se ha querido rizar el rizo de los recortes, siendo la comunidad más problemática en este sentido: en primer lugar, el maquiavélico plan de las libranzas de guardia (perdón, Maquiavelo, porque usted era más inteligente) mil veces vilipendiado y ya en lógico retroceso. En segundo lugar, la negación de suplemento alguno en el trabajo de tarde a los médicos que dejan de hacer guardias tras 30 años de realizar esta tarea. Esto no son peonadas. Esto es un reconocimiento a todos estos años de «busca». Y el busca suena, y a cualquier hora. En tercer lugar, menosprecio a los residentes en período de formación, es decir, al futuro. Este colectivo se ha pasado muchos horas de su juventud debajo del flexo, haciendo examen tras examen, guardia tras guardia, y ¡ojo! no van a ceder como antaño a planes absurdos. El cuarto y no menos grave asunto, los médicos contratados: llevan muchos años sacando adelante el trabajo más duro, ya que se encuentran condicionados por su débil situación. Tampoco han tenido tantas oportunidades de hacerse con una plaza, con y sin crisis. En cambio, nos encontramos con puestos administrativos ocupados en ocasiones, no siempre, por personas muy lejanas a la realidad del funcionamiento hospitalario. Pero, ¿cuál es el aldabonazo final tras este sinsentido? «Hay que ver lo que ganan los médicos, más que el presidente del Principado». Palabras de la señora gerente de Sanidad publicadas en este periódico, sin contestar por supuesto a lo que ella gana, como si dispusiese de foro protector. Yo no sé ni me interesa saber lo que gana usted, que también se lo calla, pero le aseguro que a los médicos no nos han regalado nada, ni nos ha caído del cielo. Si éste es su último argumento, válgame Dios. Hubiésemos admitido sin reparos el diálogo entre Administración y facultativos y hubiésemos consentido un sistema nacional de recortes, pero, claro, a estas alturas la caja estaría más vacía.
Luis Quiñones Ortiz
Oviedo
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