Empleabilidad y autonomía
Hace mucho, mucho tiempo, en la jesuítica UL de Gijón se organizaron unas olimpiadas del trabajo en la especialidad de torno. Al poco de empezar la competición, nos dijeron: «Ir a ver a los japoneses». Allí fuimos y los vimos sentados delante de una mesa con la calculadora en la mano componiendo una especie de partitura. Mientras, nuestro profesional proveniente de la escuela de aprendices de Trubia, daba ya las primeras pasadas. Los japoneses, a pesar de haber estado sentados tres cuartos de hora de las dos de que disponían, fueron los únicos en acabar la pieza y copar todos los premios. Dejaron claro que el futuro estaba en saber confeccionar partituras para hacer cantar a tornos-robots de alta eficiencia, y no en manipular tornos con precisión monitorizada.
En 1987 Adam Schaff, miembro del Club de Roma, vino a España a participar en unos encuentros socialistas, y expuso sus argumentos bajo el sugerente título de: «El obrero ha muerto». Aquellos socialistas no lo podían creer. Adam Schaff, desconcertado, abandonó los encuentros al constatar la incapacidad que se tenía para ver el devenir de los tiempos. Una incapacidad que permanece aùn, cuando apelamos al «aprendiz» y no al «aprendizaje permanente». La robotización mundial está acabando con el empleo, incluso los cualificados. Emergerán países que aumentarán su consumo interno y descenderá en otros menos espabilados. Las empresas se deslocalizarán, dejando sin empleos a las personas en países que se sumirán en el caos. Los países emergentes -que disponen de personal cualificado y bien preparado (léase el informe PISA)- incluso les quitarán a estos atontados los más cualificados trabajadores, mientras, alelados, continúan mirando a un pasado de aprendices de antaño.
Unidimensionales, ciegos a la bidimensionalidad que diferencia los contenidos académicos del aprendizaje inicial de los de las destrezas del aprendizaje permanente; nos proponemos desarrollar un anómalo aprendiz. Si no procuramos a todas las personas trabajadoras la alternancia con la formación permanente de destrezas cognitivas -absolutamente diferentes de los contenidos del aprendizaje inicial-: ¿cómo vamos a mejorar la empleabilidad y la competitividad? Este aprendiz que proponen, ajeno a una alternancia con el aprendizaje permanente y trabajando gratis, ni siquiera conseguirá ponernos a la cola de los países emergentes. Este país que exporta personal cualificado e importa emigrantes poco cualificados, para colmo, solicita la figura del aprendiz de antaño rechazando los contenidos de las cambiantes destrezas del aprendizaje permanente: un aprendizaje que nos convierte en aprendices permanentes a toda la sociedad del conocimiento. ¿Por qué en este país se desprecia la dimensión formativa de la empleabilidad?: Porque los empresarios, le tienen miedo: «Luego se van o piden aumento de sueldo»; y los sindicatos le temen a la autonomía: «Luego no querrán sindicarse»; y porque, en el mundo académico inicial, careciendo de contenidos de destrezas, temen la importancia pública que pudiera alcanzar el aprendizaje permanente para el que apenas tienen instructores -funcionarios docentes públicos-. Sin la suma sinérgica de las empleabilidades de sus empleados, las empresas no serán competitivas.
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