Dimita, señora Varela
Sola, fané y descangayada, la señora Varela se arrepiente de todas sus culpas, que son muchas, y en su descargo invoca la inocencia de la ingenuidad. A buenas horas mangas verdes.
Cuando el consejero forista, Emilio Marcos Vallaure, denunció, tanto la mala y carísima programación cómo la pésima gestión económica del Niemeyer, la señora Varela se puso en primera línea defensiva de los ataques dirigidos a los administradores del invento. Entonces eran sus amigos del alma. Ahora, demostrada la ecuación matemática del despropósito que da como resultado un número negativo millonario en euros, la regidora avilesina suelta la lengua para proclamar su inocencia y corre a refugiarse en el lamento y la contrición.
Esta señora, que hace tiempo perdió el norte de la decencia política, encabezó y encadenó, va para el año, una suerte de manifestaciones políticas que hoy sabemos tenían por objeto disfrazar la deplorable realidad revistiéndola de un teórico y falso carácter destructivo provocado por el asedio constante del gobierno regional casquista hacia el pueblo de Avilés.
Manipulación y desvergüenza fue el binomio utilizado por Pilar Varela en una lucha institucional que arrastró a las fuerzas vivas de la ciudad y a un número importante de ciudadanos unidos y asociados bajo la bandera local del Niemeyer contra ese pretendido enemigo público llamado FAC.
En su huida hacia adelante, Pilar Varela, llegó a valorar el talento de su amigo Natalio; competencia que, según sus propias palabras, aquí no supimos apreciar y por eso Ana Botella buen ojo tuvo la macarena- se lo llevó a Madrid. De aquella amistad interesada solo queda, en la actualidad, una profunda decepción. Ni los onerosos viajes alrededor del mundo, ni los homenajes culinarios oyendo las olas bramar, ni los salarios subidos de tono en época de escasez, ni las formas poco usuales en la gestión de un centro público, sacaron a Pilar Varela de su letargo emocional, fascinada por el poder hipnótico de un embaucador. Solo la fría realidad de las cifras auditadas consiguió arrancar a Pilar Varela de semejante estado.
La doña se entera ahora, cuando el cauce de la gestión ya no soporta el caudal de los despropósitos, certificados por entidades contra las que no caven más especulaciones, manipulaciones y dilaciones. Llegó la hora de establecer culpables políticos al margen de las responsabilidades legales que serán dirimidas en el ámbito judicial.
Si a Pilar Varela le queda un gramo de decencia política, debería emplearlo en su dimisión irrevocable. Los miles de votantes socialistas que le confiaron el bastón de mando no merecen la estafa de verse gobernados por una señora que, según sus propias palabras, desconocía las cuentas de la Fundación que vicepreside. La pregunta que ahora corresponde es: ¿estará al corriente esta señora de los balances presupuestarios del consistorio avilesino?
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