Contestación a don Manolo Abad
Me gustaría, desde las páginas que me brinda LA NUEVA ESPAÑA, mostrar mi desacuerdo con la crítica publicada en este diario el día 18 de noviembre, acerca del concierto del norteamericano Micah P. Hinson la noche del 16 de dicho mes en Gijón.
El concierto, como muchos del FICX, empezó tarde, acerca de la 1 de la madrugada, con una actuación previa del trío canadiense «Timber Timbre», grupo que aparte de telonear al de Memphis, forma durante esta gira, su banda, a la que el propio Micah bautizó como «The Junior Arts Collective», La actuación fue destacable y dejó un buen sabor de boca, aunque ya se podía intuir que muchas de las personas que habían ido a la sala Acapulco no les interesaba demasiado la música, sino que iban porque era la fiesta inaugural del certamen cinematográfico que ese día comenzaba. Otros, sin embargo, íbamos para disfrutar de la gran cita musical, y entre el público estaba incluso el genial Nacho Vegas.
Cuando salió Micah al escenario, saltó con su peculiar indumentaria que le caracteriza (pelo engominado, monstruosos zapatos, gafas woodyallianas). Empezó con el tema «The cross that stole this heart away», aún sin empuñar la guitarra, y con la que demostró que de voz va sobrado, justificando a quien lo compara con Leonard Cohen o Johnny Cash. Le siguieron canciones dulces como «Take off that dress for me», la desgarradora historia de un amigo que se suicidó, titulada «Seven horses seen», y así como himnos del norteamericano como la genial «Beneath the rose», «Yo lost sigh on me» o la impresionante «Close your eyes». Personalmente eché de menos que tocase «Diggin’a grave», que es una potente canción folk, y que en directo es espectacular. Tal vez el punto del concierto en el que quizás Micah no estuvo como en otras ocasiones fue en la interpretación de «Stuck on the job» de su último trabajo «And the pioneer saboteurs», en la que comenzó algo fuera de sitio y un poco desafinado, aunque a medida que la canción avanzó lo solventó sin problemas. Se puede decir que se le veía más cómodo con los zaragozanos Tachenko como banda, potentes escuderos de Micah en las últimas giras, y que se compenetran perfectamente con él con una gran precisión. Hasta entonces, ya había mandado callar un par de veces, y mientras lo hizo, giré la cabeza y se podía ver a mucha gente hablando a un buen nivel y no prestando atención a lo que en el escenario acontecía, algo que, en conciertos de artistas de las características de Micah, crea un murmullo irritante que dificulta el disfrute de su música, no sólo al cantante, sino también a los que nos sumergimos dentro de la misma. Fue entonces cuando, al final de la velada, salió solo con su guitarra para ofrecernos las versiones de «This old guitar», de John Denver, y de «Cant’t falling in love», del mismísimo Elvis Presley. Al desprenderse de su banda, el ruido empezó a entorpecer gravemente a los que estábamos disfrutando del concierto, por lo que el norteamericano mandó callar, a lo que se le hizo caso omiso. Así que se giró a la parte que estaba hablando (había un tipo que realmente daba voces a grito pelado), y cantó para los que estábamos atendiendo. Por ello, en la crítica de LA NUEVA ESPAÑA, se le tachaba de niño mimado, de tener el ego inflado y de caprichoso. Creo que hay que saber respetar al que se enfrenta solo al público con su guitarra, y más teniendo en cuenta el carácter intimista de muchas de sus canciones. La falta de respeto hacia el cantante fue terrible. Evidentemente, sólo es mi humilde opinión, pero creo que muchas más personas de las allí presentes compartirán lo expresado en estas líneas.
Si el crítico pedía que no volviera nunca más, yo solicito que lo haga, muchos valoramos su trabajo y no me gustaría que, por críticas como la mencionada, este peculiar cantautor (considerado por muchos de culto) no volviera a nuestra región.
Antón Vázquez Velázquez, Oviedo
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