Cataluña desde Asturias
El domingo cociné como nunca lo hago. Me dio por la repostería: tarta de queso, pastas y hasta magdalenas. Supongo que estaba nerviosa, un poco por la F-1 y mucho por lo que pudiera suceder en Cataluña. No era para menos, la primera vez tras ocho años de venturas y desventuras que no estaba con mis compañeros y amigos en el hotel, tras la jornada electoral. Preveía que pudiéramos sacar hasta 12 escaños, aunque nos quedamos en unos más que memorables 9. Me emocioné: todos los canales, todas las emisoras, todos los periódicos y al grito de ¡libertad, libertad! no pude más que reprimir unas lágrimas. La gran sorpresa vino el lunes, al comprobar los resultados por municipios y ver cómo en mi pueblo, en mi pueblo catalán de Sant Andreu de Llavaneres, habíamos conseguido sacar más votos que el mismísimo PSC. Supongo que fueron muchos años de sembrar buzón a buzón, persona a persona y pancarta a pancarta. Fueron muchas campañas sin un duro, teniendo como únicos medios logísticos la escalera de la cocina para las farolas e internet para los blogs. El milagro de Ciudadanos es el milagro de las personas, de personas contra el sistema, de personas con dignidad, moral, ética y espíritu crítico.
En Cataluña he dejado una parte de mi corazón y de mi alma. Fueron 14 años, la mitad de ellos en Ciudadanos. Compartiendo rebeldía de pensamiento con gente normal, con gente que en un momento dado decidimos pasar del conformismo a la acción. Y por supuesto (¿cómo no?) allí estábamos unos cuantos asturianos, como Xurde Rocamundi, en su inmobiliaria de Arenys de Mar, valiente y testarudo como nadie, contándome cosas de sus veranos en Peón; Xurde no se dejará amedrentar nunca ni por las multas ni por otros desatinos. O como Toni Mulero, ex secretario de organización, de Cornellá allí, de Mieres aquí.
Ciudadanos, Ciutadans, creo que indica que aún hay esperanza para la gente de la calle, para el ciudadano y para el paisano. Hay esperanza para todos los catalanes, da igual que se apelliden Pujol o García, que vengan de Noreña o de Sarriá. Como creo que hay aún esperanza para todos nosotros, los asturianos, esperanza en una Asturias de economía sostenible. En una Asturias que mantenga el paisaje, pero, sobre todo, el paisanaje, un paisanaje joven y con ilusión. Pero que nadie se engañe, el camino no es fácil, requiere mucho esfuerzo y mucha siembra, hasta que los brotes verdes no sean una ilusión óptica. Firmemente pienso que es posible cambiar los sistemas políticos, sociales y económicos, cambiarlos de abajo arriba y que el «efecto mariposa» es lento, pero efectivo, y, por supuesto, necesario para un mundo mejor y para una Asturias mejor.
Muchas gracias por todas las felicitaciones recibidas, en especial, las que me han llegado desde Madrid.
Virginia Gil Torrijos, ex consejera de Ciutadans, Vega de Poja (Siero)
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