Sistema hospitalario asturiano, ¿hablamos de calidad?
El pasado mes de abril mi hija Aida, de 23 años, fue diagnosticada de un linfoma de mediastino en el Hospital Central de Asturias y atendida por el servicio de hematología de la Residencia.
Tras 9 sesiones de quimioterapia –con el tratamiento MACOP B con Rituximan–, a falta de tres solamente para concluirlo y con un escáner realizado el día 28 de junio en el que se mostraba la completa remisión del linfoma y pese a que nos habían hablado de un 99% de posibilidades de curación, mi hija falleció el día 10 de julio.
El día 6 de julio estuvimos en urgencias de la Residencia, en donde su historia estaba por supuesto registrada, porque se sentía mal, tenía mocos, le dolía al orinar y tenía mucha fiebre. Sus defensas estaban altas, exactamente en 4.200 neutrófilos. La residente de primer año que la atendió no dio importancia a la situación y la mandó a casa tres horas más tarde con un antibiótico de uso normal y un paracetamol. El día 7 a las 11 y media de la noche volvimos a la Residencia porque la fiebre había superado los 38 y medio.
Tras esperar nuestro turno, como si de un vulgar catarro se tratara, y la atención del médico de urgencia, aplicando un protocolo como si no se supiera el diagnóstico del linfoma y la gravedad y especificidad de la situación, el hematólogo de guardia –residente de segundo año– nos comunicó que la situación no era alarmante en absoluto, complementó el diagnóstico del día anterior con otro antibiótico y un Nolotil y a las cinco de la mañana regresamos a casa. Fue inútil intentar una explicación que justificara por qué las defensas habían bajado en un día de 4.200 a 1.500. El residente consideró que el nivel de 1.500 era correcto y que ese descenso no tenía importancia alguna.
El lunes a las 8 de la mañana, aunque mi hija se encontraba tan mal que tuve que subirla en una silla de ruedas a la planta sexta del hospital de día, el doctor –este sí adjunto y responsable de la formación de los residentes del servicio– la tuvo toda la mañana en el hospital de día con pruebas protocolarias. A las 13 horas me comunicó que iba a quedar ingresada para determinar la causa de la fiebre que no remitía. Su ingreso no llegaría a una semana en ningún caso y dos días más tarde estaría fuera.
Ya ingresada en la planta de atención hospitalaria de hematología, como mi hija se encontraba bastante mal, tras una espera no muy corta, vino el médico –en esta ocasión una doctora residente de tercer año–, que pidió unos análisis que tardaron cinco horas en llegar.
Sonda, vomitos, mareos, malestar, poca amabilidad y disponibilidad de las entregadas enfermeras y auxiliares que allí estaban y a las 8.30 el corazón de mi hija se paró súbitamente. En ese mismo momento la residente de tercer año corría por el pasillo gritando que llamaran a la uvi porque los análisis habían mostrado que la situación era grave. Ya en la UVI, a las 2 de la mañana nos dijeron que había sido un fallo hepático fulminante y que sólo cabía esperar que muriera en unas horas. Ya no había posibilidad de trasplante ni de nada.
El doctor adjunto, jefe de residentes que trataba a mi hija de 24 años y en el que ella confiaba, se enteró al día siguiente por la mañana de lo sucedido cuando llegó a trabajar. Nadie le había avisado, se ve que no entraba en los supuestos de casos graves o quizá que son los residentes los que deben resolver sea cual sea la situación.
La autopsia puso de manifiesto que era un virus y no una bacteria lo que había desencadenado el proceso infeccioso y que tras varios días había actuado atacando a los órganos naturalmente debilitados por la quimioterapia. La OMS habla de bacterias, virus y hongos como causas, pero en el protocolo de estos doctores, desgraciadamente para nosotros, sólo existían las bacterias como agentes en estos supuestos.
Por favor, quienes se hallen en situación similar, no tengan vergüenza alguna de preguntar al doctor residente que lo tratará durante las tardes, noches y fines de semana si realmente está seguro de poder atenderlo debidamente; no teman hacer sugerencias, ¡ay! si yo hubiera pedido un análisis vírico, aunque el doctor me dijo a posteriori que no lo hacían en fin de semana; exijan, están en su derecho y es por otra parte la alegación en la que se basan, especialmente los doctores, para justificar sus reivindicaciones.
Mi hija ya no está aquí, yo estoy deshecha. ¡Si esto es calidad, pobres de nosotros!
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