Serendipias locales
Desde la penicilina hasta el descubrimiento de América muchos de los mayores logros de la humanidad han estado asociados a esta forma de azar. Algunos lo llaman suerte o casualidad, pero la realidad es que tan sólo funciona ante aquellos que están sobradamente preparados. A ninguno de nosotros se nos escapa que difícilmente una azarosa suerte de casualidades en la distribución de sustancias en un cajón de nuestra mesita nos hubiera proporcionado la pista definitiva para la obtención de la vacuna más importante del pasado siglo, de la misma forma que un marino torpe o inexperto jamás hubiera llegado a descubrir un nuevo continente tratando de encontrar una nueva ruta hacia las Indias. Sin embargo, cualquiera de nosotros, incluso el más común de los habitantes de esta pequeña ciudad, tan tramposa y llena de obstáculos, puede darse de lleno, aún sin quererlo, con esta suerte de fortuna o azar ventajoso.
Hace una semana comenzaron las obras para ampliar en un carril más una de las calles con mayor problema de atascos de la ciudad. La calle Samuel Sánchez, antes Coronel Tejeiro, está cerrada al tráfico rodado en sentido Avenida de Santander. La alternativa más lógica es coger la Avenida de Colón e incorporarse desde la calle R. Oviedo antigua Calle de la División Azul. Hay que ver, y aquí debería abrir un paréntesis, qué mal se nos da poner nombres a las calles: Coronel Tejeiro, División Azul, Samuel Sánchez, del Real Oviedo, desde luego, o nos pasamos, o no llegamos. Así que previendo las retenciones salí de casa hacia el trabajo con un poco de anticipación. El resultado fue que me dio tiempo a tomar un café con mi compañero antes de hacerle el relevo. Y así siguió ocurriendo el resto de los días de la semana. Paradójicamente, con el enlace principal cortado, y sin encontrar una explicación lógica a ello, ahora tardo menos en llegar al trabajo, y consumimos un poco más en la cafetería junto al trabajo.
La nueva y provisional regulación de los semáforos afecta también al peatón. En el de Villa Magdalena (llamémoslo así para evitar nombres de calles) muchos cruzamos en rojo con el paso del último coche que viene desde la Avenida de Santander. Pero desde el comienzo de las obras hay que tener cuidado pues el semáforo de Avenida de Colón, que antes siempre estaba cerrado, permanece durante más tiempo en ámbar. Resulta tremendamente estimulante ver a los peatones cuándo, aún cruzando en rojo, abroncan a los desconcertados conductores que no entienden nada de lo que pasa. Sin duda, como nos enseñaron en la escuela, la costumbre adquirida con los años tiene más ley que el color de un semáforo. Así somos, ¡ay, país, país!, pero qué le vamos a hacer.
Como el semáforo tarda más en abrirse se reúne más gente delante de Villa Magdalena. De modo que Ion, el músico moldavo que, apoyado levemente contra la barandilla bajo los magnolios sopla su trompeta con la mirada perdida en el suelo, ve cada día más llena de monedas la funda del instrumento apoyada sobre una silla de playa.
A su vez, los comerciantes de la zona dicen que con las obras han aumentado las ventas. Así que, sean simples serendipias, o leves efectos mariposa, quizás los responsables municipales debieran replantearse la obra del tercer carril ahora mismo, cambiar radicalmente los planes, peatonalizar la calle entre la glorieta del olivo y la del castaño, y replantar aquellos álamos que en su día se talaron tan impunemente. Mientras todo esto ocurre, la escultura de Samuel Sánchez observa las máquinas y los obreros con inquietud, y parece reclamar que le pongan un maillot de colores de nuevo. Y es que sin él, se le ve tan absurdo como un torero con barba. Los políticos ya deberán saber a estas alturas que, a veces, hasta equivocándose, con el azar a favor, las cosas pueden salir bien.
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