Una babel de datos para justificar el fracaso
Esta es mi propuesta de titular para el foro debate de «formación para el empleo» recientemente realizado en Gijón.
En dicho foro, la empresa Madison Market Research nos informa que las empresas que tienen prevista contratación en Gijón, en caso de repuntar la economía, serían: a) Las ingenierías que ofrecen sus servicios a través de las nuevas tecnologías, contratando profesionales de alta cualificación. b) Las comerciales, contratando vendedores, reponedores..., y algún que otro agente comercial. Pero me pregunto: ¿sería para vender los productos hechos en Asturias, o los de fuera? Porque vemos que afuera son conscientes de nuestro alto nivel económico en pensiones y jubilaciones. Si nos damos una vuelta por un polígono industrial, vemos que hay muchos almacenes, pero pocas fábricas. c) Las empresas de servicios socio-sanitarios para atender a esos pensionistas y jubilados bien remunerados, también tienen previsto crecer. ¿Es que nadie se da cuenta, o verbaliza, que apostar por la formación a la carta en este futuro de fracaso encontrado por la empresa Madison, es lograr que algunos hagan caja mientras se precipita a Gijón y a Asturias en el desastre?
También se nos informa que la distribución del personal activo en función de sus niveles profesionales, es en España, Asturias y Gijón, una anomalía respecto a países prósperos y eficaces como Alemania o Austria... Que en esos países norteños, el porcentaje más importante lo llevan los técnicos (niveles profesionales 4, 5 y 6 del Marco Europeo de Cualificaciones) mientras que aquí es al revés. Esa empleabilidad técnica se podría conseguir mediante la alternancia con un aprendizaje permanente en formaciones especificas tecnológicas. Es decir, formaciones de altas destrezas cognitivas no universitarias para: graduados universitarios (nivel 6), titulados del CFGS (nivel 5) o gente experimentada y operativamente autónoma como los oficiales de 1ª (nivel 4). Todos ellos asistiendo juntos a cursos de tipo específico (como los del Inem, donde el 50% de los alumnos de los cursos de automatización oleohidráulica entre 2000 y 2005 eran ingenieros técnicos), esa asistencia conjunta dinamiza e impulsa inercialmente, como debe ser, de forma distinta a los tres diferentes tipos de alumnos. Ésa es una de las grandes virtudes del aprendizaje permanente y de la formación para la empleabilidad. Pero eso, tampoco se quiere ver, porque el segundo de nuestros grandes problemas es que no seguimos las recomendaciones del Marco Europeo de Cualificaciones para el aprendizaje permanente, en donde se establecen ocho niveles profesionales. Así que, sumidos en un caos de datos, no sabemos darles marco ni crear una estructura del conocimiento. De forma interesada, o por ignorancia, la propuesta que se hace en pos del desastre y el fracaso, es realizar una formación dual en alternancia entre los más bajos niveles de profesionalidad y el aprendizaje inicial bajo la forma del «aprendiz» de baja cualificación. Es paliar el síntoma de la baja escolaridad que se fomentó con la empleabilidad de bajo nivel de la construcción, con más de lo mismo y, quizás, afianzar más el fracaso escolar. Se abandona así el desarrollo tecnológico y la innovación, al no potenciar la formación dual en alternancia entre los cursos de tipo específico del Inem y los empleados de las empresas, que podría lograr esa multitud de técnicos que da éxito al norte. Pero, como ya he dicho, éste es el segundo de los problemas. El primero es que no se quiere ver que existen dos dimensiones formativas de contenidos netamente diferentes: el aprendizaje inicial y el aprendizaje permanente. El SEAF-PPO (que apostó hace 35 años por la alternancia en la formación de técnicos de las empresas) tenía, por ejemplo, 700 horas en Automatización Oleohidráulica y Neumática (luego el Inem las ampliaría a cerca de mil), frente a esta oferta formativa, en el aprendizaje inicial, apenas hay 120 horas (y aún menos en los entornos universitarios). Si sigue triunfando este desastre conceptual, se estarán perdiendo muchísimos contenidos de destrezas cognitivas de nivel técnico. Pues la autoridad establecida (el INCUAL) dice que las diferencias entre el aprendizaje inicial y el aprendizaje permanente no son de contenidos, sino tan solo del tipo de alumnos. Y éste es el primer y principal problema en el campo de la empleabilidad y la ocupación. Por cierto; ambos términos: empleabilidad y ocupación; aún no son muy bien manejados conceptualmente, al haber sido durante varias décadas despreciados.
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