Patronos, patronas y todos los demás
Cuando al caer la noche los patronos de nuestra Fundación caían en un reparador y profundo sueño que, a juzgar por los hechos era más profundo que reparador, parece ser que el Trasgu aprovechaba la ocasión para hacer diabluras en unas cuentas tan singulares como el propio edificio que aquí se alude. ¿De no ser así cómo explicar tal desbarajuste contable en una institución pública dotada de programas oficiales de contabilidad y medios telemáticos de última generación? Parece mentira que en la era tecnológica de la información un centro cultural que maneja dinero público y tiene observadores oficiales, por tanto exigencia política, no disponga de mecanismos de control directo en algún despacho de la Administración regional.
Puesta de manifiesto públicamente la anarquía administrativa que vivió durante seis años el centro cultural Óscar Niemeyer, no cabe otra que pedir responsabilidades jurídicas y políticas a los encargados de su gestión; máxime si tenemos en cuenta quién va a ser el pagador final de la deuda. Pero ocurre, cosa por lo demás predecible en estos casos, que nadie se manifiesta autor del desaguisado. Por eso, y una vez que los hechos toman cuerpo y el puzzle va encajando sus piezas, conviene poner negro sobre blanco aquellas circunstancias objetivamente probadas, o casi, con un puntito de humor para no hacernos mala sangre.
Comenzando por el director general, parece probado y reprobado, sin solución de continuidad, que realizó viajes por distintas partes del mundo protegido económicamente por visas y alforjas cargadas de liquidez. Vamos que el señor Grueso no se subía a un avión sin un buen escudo financiero, incluso cuando el líquido ya tornaba sanguinolento. Como dato ilustrativo decir que los costes en sobrealimentación sobrepasaron con creces la cima de cien mil euros. ¿Qué comería y bebería el bendito?
Continuando por el secretario y abogado asesor, parece probado y reprobado, sin solución de continuidad, que solo estaba para elaborar y firmar las actas de las reuniones del patronato. Es decir, notario del mutismo con poca voz y ningún voto pero bien pagado. Las actas de las escasas reuniones convocadas por carta con acuse de recibo desde Miami, ciudad donde tiene domiciliada su residencia el señor ex presidente de la Fundación, obtuvieron el premio a la brevedad. Vamos que si parco en palabras era uno, el otro lo era aún más en letras. Lo más notable de su paso por la secretaría del centro fueron las querellas interpuestas en nombre de la Fundación contra el gobierno de Foro. Por lo demás, José Luis Rebollo, es el único que, hasta el momento, acredita verbalmente su irresponsabilidad.
Y llegamos a doña Pilar, alcaldesa de la villa de Pedro Menéndez, Adelantado de la Florida. Parece ser que la vicepresidenta del Niemeyer pasaba por allí, la cogieron de la mano y le dijeron: tú sentada aquí y calladita que hablan los mayores. Y no rechistó; hasta ahora que al verse atacada por la vil oposición se le iluminó el chip de la autodefensa. Aunque la señora ya dio muestras de madurez y estrategia manipuladora en diversas convocatorias políticas de acoso y derribo al gobierno de Álvarez-Cascos. El caso es que doña Pilar le cogió gusto a eso del sillón vicepresidencial y no hay dios quien le haga dimitir. Se ve o se presiente que el magno edificio debe albergar algún tipo de atracción fatal porque hasta la fecha, las sombras ganan a los gozos. O tal vez no.
Para concluir: que aún no cumplidos siete años, el muchacho ya despilfarró tres millones largos de euros y los padres de la criatura, divorciados en el presente, no paran de tirarse los platos a la cabeza. Corazones rotos que desde la lejanía tratan de sobreponerse a la adversidad como si de un mal sueño se tratase. Dicen que doña Pilar vive en un continuo sollozo después de haber perdido el velo de la inocencia, arrastrando el dolor de tanta miseria humana por el lodazal de la vida.
Pero cuando todo parecía perdido para la regidora, se asoman a las páginas del rotativo tres notables del socialismo local, a cual más digno por su dilatada y exclusiva trayectoria política. Se prevé la intervención de otros sobresalientes para los próximos días, a excepción de Javier Fernández inmerso en aventuras más terrenales. Todos coinciden en lo mismo: la regidora debe continuar en la brega. Ahora, con energías renovadas, será capaz de darle al proyecto un último empujón. El pueblo de Avilés y yo en su nombre, perdón por arrogarme tan distinguida representación, pedimos a nuestra bienamada alcaldesa lo haga con mucho tiento no vaya a empujarlo demasiado y lo acabe tirando a la ría.
Y para postre, un poco de arecismo que mucho empalaga y se hace pesada la digestión. Qué decir del señor Areces sin que llegue a notarse demasiado nuestra admiración, casi devoción por el insigne hijo de Asturias, ahora en tierras castellanas viendo pasar la vida a través de los viejos ventanales del Senado. Pues nada que no se haya dicho ya, a no ser felicitarle anticipadamente la Navidad. ¿O se creían otra cosa? La nuestra es tierra de gente bien nacida.
Es verdad que el Niemeyer alumbró con un poco de dolor, ¿pero acaso hay parto sin sufrimiento?
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