¿Ponemos el Belén como siempre?
¿Cómo es posible que en un momento de crisis en nuestra sociedad, que de una u otra manera nos llega a afectar a todos un poco, andemos dándole vueltas al pesebre, discutiendo si había o no mula y buey?.
Me llama la atención, la verdad, sobre todo después de haber disfrutado con la lectura del último libro del Papa «La infancia de Jesús» en el que una vez más nos ayuda, si queremos, a interpretar con hondura el nacimiento de Jesús en un pesebre, como no podía ser de otra manera, para que no nos olvidemos de que nace pobre, pequeño y desvalido y, por qué no, rodeado de un buey y una mula, de unos pastores y bajo el amparo de los ángeles.
Ninguna representación del nacimiento renunciará ni al buey ni al asno. Es cita literal del libro referido. Por tanto, dejemos de dar vueltas al tema y de malinterpretar las palabras del sucesor
de Pedro. Fijémonos más bien en lo que él mismo nos explica a propósito, es decir, en la representación de la Humanidad desprovista de entendimiento, en la humilde aparición de Dios en un establo.
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