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Lo aberrante es la homofobia, no la homosexualidad

7 de Diciembre del 2012 - Ramón Suárez Díaz (El Entrego)

Se me ponen los pelos como escarpias cuando un psicólogo, aunque sea retirado, menciona la «recta razón» o «la naturaleza de las cosas». Siento un ligero escalofrío teñido de desazón, de desasosiego, de inquietud, de alarma... Y es que todavía hay personas así, que consideran que la psicología no está teñida de moralidad, que se puede estudiar con la misma objetividad el alma humana que un átomo o un compuesto químico. Estamos preñados de positivismo, de cientificismo mal entendido, y va para largo. Este mundo tiende nuevamente al «terrorismo de los laboratorios», como indicó Ortega y Gasset años atrás. La ciencia quiere invadirlo todo, hasta la conciencia.

¿Tanto cuesta ponerse de acuerdo en que lo verdaderamente aberrante, perverso y enfermo es la homofobia y no la homosexualidad? Señor Bengoechea, utilice argumentos y no prejuicios. Usted se asusta porque estamos alterando el verdadero significado de las palabras y se escandaliza porque el matrimonio ya no es lo que era ni significa lo que significaba. ¿Pero está seguro de que el matrimonio siempre fue lo mismo, señor Bengoechea? ¿Lo cree usted realmente? Mal andamos si así es. Le recomiendo que eche un vistazo filosófico a lo que se entendía por «mujer», «hijo» o «amor» a lo largo de la historia y se dará cuenta de la transformación semántica de estos vocablos. Se percatará de que en diversas civilizaciones (aún hoy en día en algunas) se consideraba que la mujer era inferior al hombre por naturaleza, incapaz para la política, inepta para el pensamiento abstracto y para la ciencia, aquejada de subjetividad en todas sus manifestaciones vitales, con la única función de alumbrar vidas humanas... Lea, lea, lea sin prejuicios. Lea y compruebe que incluso el término mujer ha significado cosas distintas con el paso del tiempo. Lea que incluso filósofos de gran talla recomendaban a los esposos que dieran una buena paliza a sus mujeres cuando éstas se ponían imposibles e impertinentes. Léalo y dese cuenta de que, en nombre de la recta razón y de la naturaleza, el ser humano ha cometido innumerables infamias precisamente por eso, por creer en un orden natural inamovible y por creer que la razón sin la compañía del sentimiento puede gobernar el mundo.

La homosexualidad ha de suscitar indiferencia. Cada persona ha de elegir voluntariamente su manera de vivir y asociarse amorosa o amistosamente con quien lo desee y con quien le haga feliz, señor Bengoechea. Pensamientos como el suyo, y más siendo psicólogo, contribuyen a la confusión y a crear sentimiento de culpa. No se asuste tanto porque la palabra matrimonio ya no signifique lo que significó y dese cuenta de que, incluso, la disciplina que usted ha ejercido a lo largo de su vida profesional ha experimentado cambios. Algo que a usted parece asustarle.

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