Una historia inolvidable
Continuamente oímos hablar de historias de amor que no florecen, de separaciones, divorcios, etcétera. Pero estoy segura de que nunca habéis oído hablar de historias que de verdad florezcan y se marchiten juntas hasta convertirse en cenizas aun habiendo miles de obstáculos. Uno de estos obstáculos lo es el alzheimer, una enfermedad padecida por mucha población pero a la vez, bajo mi punto de vista, desconocida por las personas. Sinceramente me parece insultante que la gente hable de esta enfermedad como si supieran lo que pasa, lo que pasará y cómo acabará y que encima te diga con toda la cara del mundo que no es tan grave, que es algo normal y que no debes preocuparte porque así es la vida, pues yo no quiero que la vida sea así y voy a hacer lo que esté en mi mano para cambiarlo. Y os preguntaréis que por qué yo, una niña de 15 años, se pone a hablar de esta enfermedad, de la cual los jóvenes se ríen por los pasillos del instituto todos los días con frases como «Tío, se te olvida todo, ¿ya tienes alzheimer?». A vosotros os parecerá una tontería pero a mí este tipo de comentarios me llegan dentro y me duelen, probablemente si todos hubiérais vivido lo que yo viví durante los primeros 10 años de mi vida no haríais estos comentarios. ¿Por qué digo esto? Mi abuela tenía alzheimer, sí, qué tontería, ¿y esto te da derecho a hablar sobre ello?, pensaréis; mi respuesta sería sí creo que tengo todo el derecho del mundo a defender lo que creo que es injusto y con esto sólo intento que sepáis cómo me siento yo con comentarios de ese tipo, no pido que me entendáis, sólo que me respetéis. Cuando hacéis estos comentarios no os dais cuenta del verdadero significado de esa palabra, alzheimer, pues ésta es una enfermedad más complicada de lo que puedo explicar, no sabéis lo que es ir a casa de vuestra abuela y pensar que igual no se acuerda de ti, y oír a tu abuelo diciéndole a tu padre con un tono de preocupación que ni siquiera se acuerda de él, que piensa que es su padre y que continuamente cambia de estado de ánimo, puede que te conozca y puede que no, hablar con ella y que de repente te pregunte quién eres, que no se acuerde de la persona a la que un día le juró amor eterno y que él siga ahí es para valorar lo que una persona es capaz de hacer aun sabiendo que el día de mañana se le va a volver a olvidar, detrás de este tipo de cosas se ve que en cada enfermedad hay una bonita historia de apoyo y mucho amor. Y a los que me dicen que todo acabará de una manera les digo que todo tiene distintas posibilidades, distintos caminos, ya que nada está predeterminado por nada, las cosas pasan y no tienen un porqué, simplemente es así, suceden y debemos aceptarlas o intentar cambiarlas y para mí esta historia no acabó bien, ya que perdí a dos de las personas de las que ahora me doy cuenta que necesitaba más de lo que me creía, y como una película de amor mi abuelo falleció tras ella, ya que él sabía que no podría vivir sabiendo que ella ya no estaba y que no vería jamás a pesar de todos los problemas que le había ocasionado la enfermedad, él, como un caballero de cuento, seguía luchando por su princesa, porque cuando le juró amor eterno lo decía en serio «por hoy y para siempre».
Andrea de Luis Margaretto, Lugo de Llanera
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

