Gracias, señora consejera de Educación
¡Hay que ver con la crisis! Bien fácil es en tiempos de crisis ver cómo todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, con ésta u otras coletillas. Que si hay que ver cómo está todo, que si este país se va a la ruina o que si hay que ver la que está cayendo. Curiosa esta última expresión, que denota que algo cae desde algún sitio a otro sitio que está por debajo del primero. Curioso también pensar que por mucho que el apellido de Crisis sea Financiera no son billetes de 500 euros lo que cae: lo que caen son hostias como panes.
Este mismo lamento de la gente que arrastra la crisis en lo más profundo de sus bolsillos es a menudo la propia excusa de los de arriba, que se suelen ver con las manos atadas por políticas y gestiones anteriores, siendo éstas siempre criticadas y raras veces enmendadas.
Por fortuna, hoy escribo esta carta borracha de sarcasmo e indignación porque esto no siempre es así: ¡hoy es un buen día para ser agradecido! Gracias, señora consejera de Educación por enseñarme que 47 becas son menos que 70. Gracias por evitar que este año fuese un año en blanco. Gracias, por establecer la lista de espera más inútil que se ha visto en la historia de cualquier tipo de ayuda. Gracias por aclarar qué va a pasar con el dinero de las becas que se van a rechazar. Gracias por tantos meses en vilo para esto. Gracias por jugar con la ilusión, el futuro y la vocación profesional de tanta gente. Gracias por romper una lanza en favor de la fuga de cerebros, en lugar de ser un obstáculo más a la investigación en este país. Gracias por no seguir esa odiosa política de echar balones fuera. Gracias por su dedicación, esfuerzo, consideración y trabajo para con los doctorandos de nuestra querida Universidad. Gracias por tener cada año a la gente 4 meses sin cobrar. Gracias, por hacer honor a la definición de hacer las cosas tarde, mal y nunca. Gracias, de todo corazón, por diferenciarse de esa clase de empleado público que consigue que la gente salga en los medios de comunicación para denunciar lo mal que está haciendo su trabajo.
Atentamente, un solicitante de nueva ayuda del programa Severo Ochoa.
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