Adaptarse o morir
Nos encontramos en un mundo en constante evolución, en el que la tecnología avanza a una velocidad exponencial que hace que la barrera entre lo verosímil y la ciencia ficción disminuya cada día que pasa.
Las nuevas (y no tan nuevas) tecnologías nos permiten estar más conectados, hacer nuestra vida más fácil y ser más productivos en el trabajo. Sin embargo, la aplastante mayoría de las tecnologías que usamos asiduamente han sido creadas a miles de kilómetros, al otro lado del charco, en lugares como California, Boston e, incluso, otros lugares más cercanos como Londres o Berlín.
En definitiva, la tecnología es un sector que no conoce de crisis; cada día hay más oportunidades, más movimiento económico y más puestos de trabajo creados por este sector que esta revolucionando todos los demás. Y lo mejor es que no es como el ladrillo, esto no es una burbuja fundamentada en la especulación, sino en la creación y el aporte real de valor.
Parece un panorama perfecto, y para los que nos dedicamos a esto lo es, pero para el resto de la población de un país como España, no. El problema de que toda esa tecnología sea fabricada en otros países es que ellos se llevan todos los beneficios, cosa muy lógica. Por ello, sólo California tiene catorce veces el PIB de España entera. No EE UU, sino uno de sus decenas de estados, situado en la soleada costa al Suroeste. En instituciones respetadas a nivel mundial como las universidades de Stanford, Berkeley o Caltech se han gestado muchos de los grandes avances científico-tecnológicos de las últimas décadas, conllevando ello el consecuente enriquecimiento de la zona.
El problema de nuestro país es que nuestra mentalidad es completamente barroca respecto a la tecnología; pensamos que la informática es algo que es el futuro y realmente no entendemos cómo funciona ni qué es. En los institutos se enseñan más horas de dibujo técnico que de fundamentos de software. ¿Por qué ha de ser así? La tecnología ya no es un mundo aparte, sino que es el pasado, el presente y el futuro y una forma de acelerar de forma artificial la evolución humana usando nuevas herramientas. Algo parecido pasa con el inglés: se piensa, aunque por suerte cada vez menos, que es algo aparte y no un conocimiento básico que hay que dominar, como podrían ser las matemáticas.
En un escenario de crisis mundial, con un 53% de paro juvenil (¡uno de cada dos jóvenes no trabaja!), ¿por qué no dejamos de producir personas formadas para otra era? ¿Por qué no formamos personas que se dediquen a crear progreso usando tecnología? Por ejemplo, en Asturias, las facultades de Informática y Software están buscando alumnos porque simplemente no hay personas interesadas en estudiar esta carrera. Está claro que quizá tenga algo que ver que ninguna Universidad española esté en el ranking de las doscientas mejores del mundo, pero lo curioso es que ésta no parece ser la razón, ya que de ser así dichas facultades no serían las únicas que no tienen demanda suficiente. Al parecer lo que ocurre es que la juventud actual elige otras carreras, quizá por vocación, quizá porque nadie les ha dado la oportunidad de conocer lo que hay detrás de la pantalla de su brillante y nuevo smartphone.
Históricamente, las especies que sobreviven a lo largo de los siglos son las que mejor se adaptan a los tiempos; aquellas que pueden cambiar sus necesidades o cambiar las formas de satisfacerlas con relativa facilidad. Al final, en este país, cada vez nos acercamos más a una decisión tan aterradora como llena de esperanza: adaptarse o morir.
Luis Iván Cuende, Emprendedor, fundador de Asturix, Oviedo
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