En defensa del profesor Bengoechea
Sinceramente, no entiendo el súbito escalofrío “teñido de desazón, de desasosiego, de inquietud y de alarma” (sic) que altera al firmante de una carta publicada aquí el sábado -bien escrita en lo formal y durísima en lo conceptual- en la que se acusa al profesor Pedro Bengoechea de utilizar prejuicios en vez de argumentos en su artículo de tres días antes sobre el matrimonio homosexual.
No deseo tratar de rebatir las afirmaciones del comunicante, para lo que necesitaría más espacio y mayor sabiduría, sino de manifestar a bote pronto –si interpreto bien el sentido del escrito- cierta perplejidad porque don Ramón Suárez clasifique a don Pedro como una especie de troglodita en su caverna “por creer en un orden natural inamovible” y “crear confusión y sentimientos de culpa”.
Releo el artículo de Bengoechea Garín y, la verdad, sólo hallo en él una exposición un poco extensa y acaso algo reiterativa, pero razonada y respetable de un punto de vista que se puede compartir o rechazar en función de unas convicciones personales, pero nada “aberrante, perverso y enfermo de homofobia”. Y ni mucho menos que tenga que ver con las injusticias históricas sobre la condición femenina.
Hago notar que don Pedro hace una previa declaración de respeto a homosexuales y lesbianas. Y entiendo, con la venia, que la diatriba del señor Suárez peca de una pretendida superioridad ética en el sagrado nombre de una suerte de progresismo a ultranza que rechaza la existencia de valores permanentes. ¿Acaso es discutible que el matrimonio es previo al Derecho y las leyes biológicas son inmutables?...
Si todo es relativo y contingente, al arbitrio de tiempos y de modas, si cambiamos la significación de las palabras y aún su etimología para adecuarlas a nuevas situaciones sociales que reclaman un estatus discutible, no hay nada sólido ni digno de aprecio bajo nuestros pies.
Dicho sea todo sin intención de causar ninguna alteración en el sensible ánimo del señor Suárez Díaz. En ese caso, vayan mis disculpas por anticipado.
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