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Una y no más... sin censura

18 de Diciembre del 2012 - Luis Ángel Fernández Meré (Oviedo)

Con esta carta escribo mis últimas líneas acerca del conflicto sanitario que se está desarrollando en nuestra fabulosa comunidad autónoma. Y digo últimas porque ya me he quedado sin paciencia para intentar explicar la situación que sufrimos. Quiero pensar que la falta de entendimiento del conflicto por parte de la población general es porque los implicados no sabemos explicarnos, así que aquí va mi último intento.

Hasta el 30 de noviembre pasado estaba cansado de leer en los medios escritos cientos de verdades a medias pero, viendo nuestra excelente cadena televisiva autonómica, me tropecé con más de lo mismo y he llegado al límite de mi aguante.

Leyendo el ejemplar de este papel a primera hora del viernes 30, me encontré con un texto firmado por un ciudadano, economista y ecologista como él se define, en el que se toca el tema de la huelga, y todavía me sigo preguntando el porqué de tal publicación. El texto está cargado de falsas aseveraciones, por lo que tengo la necesidad de hacer ciertas puntualizaciones:

Primera: En el conflicto que nos ocupa, la lucha es desproporcionada. En cualquier otra huelga, las dos partes, empleados y empleador, sacrifican algo por defender sus posturas. Sé que cualquier economista tiene que saber esto, pero voy a tomarme la osadía de explicarlo (con todas mis disculpas hacia los especialistas en la materia). En este caso, los profesionales perdemos parte de nuestro salario y las personas que están al frente de la empresa «no pierden nada», ya que sus sueldos no dependen de la producción (por calificarlo de alguna manera) de la empresa, en este caso el Sespa. Esta puede ser una de las causas por las que las negociaciones se están prolongando tanto. Si a los puestos directivos les tocaran sus carteras, esto ya estaría resuelto. Esta es la razón de la llamada bolsa de resistencia que no es más que una ayuda que los profesionales nos damos los unos a los otros para minimizar nuestras pérdidas económicas (que son muchas) ya que «¡también nuestras familias tienen que comer!». Ni se trata de un macabro producto ni de una maquiavélica, mafiosa o repugnante estrategia. Todavía no me explico cómo se atreve a otorgar tales calificativos de manera gratuita. ¡Vamos, hombre! Hasta aquí podíamos llegar. Un poquito de respeto, por favor, porque la libertad de expresión lo lleva implícito y si no es así, se acabó. Quiero apuntar a mis compañeros la posibilidad de hacer un calendario solidario con imágenes de los profesionales con el fin de recaudar fondos sin levantar sospechas de nadie. ¿Se daría el visto bueno a esta sugerencia?, o también sería calificada de sospechosa.

Segundo: Luchamos por nuestras «condiciones laborales» y no se trata de ningún ranking (aquí sugiero el uso de términos del castellano) huelguista ni de ninguna postura antisocial ni de que nos caigan mal los directivos de la Consejería o de nuestra empresa (afirmación completamente infantil) ni de crear ningún producto financiero (risas me produce esta afirmación). No se trata de eso, no, sino de nuestro «derecho».

Tercero: A título personal, quiero aclarar que si quiero invertir en algún producto buscando rentabilidad económica me dejo aconsejar por profesionales especialistas en la materia, gente del ramo que controlen de verdad el tema.

Pero aún hay más. Encendí la televisión a las 13.45 del mismo día y me encontré con una miembra (por aquello de la igualdad) del grupo parlamentario PSoE (con «o» minúscula, por no quitarla) interviniendo en la cámara y con esto ya no pude más. De nuevo ahí van mis aclaraciones:

Primera (opinión personal): El tono empleado en la intervención no me pareció propio de un político. Se respira cierto grado de desprecio por otros grupos parlamentarios (elegidos de igual manera que el suyo) y por la «profesión médica». Y esto es in-to-le-ra-ble.

Segunda: En esta huelga sufren no sólo los usuarios, sino también los profesionales implicados. Como en las huelgas de cualquier otro sector. Yo y los míos también sufrimos en los conflictos de la minería, de los transportes o en la última huelga general, dicho sea de paso, apoyada por los sindicatos que ahora critican la sanitaria.

Tercera: Ya está bien de hablar de «cúpula» del SIMPA. La huelga está convocada por este sindicato pero «está apoyada por la mayoría del colectivo médico, independientemente de su afiliación o no». A ver si queda claro de una vez: no hay que hablar de cúpula de nada sino de «profesionales médicos asturianos». Fácil... ¿verdad? Pues eso, las afirmaciones hay que hacerlas con corrección.

Cuarta: Esta huelga «no» es una huelga política. Es una huelga profesional, por la defensa de derechos laborales. Nada de privilegios. ¿O acaso cobrar por un trabajo es un privilegio? No. Es un derecho.

Quinta: ¿Cómo se permite la licencia de decir que los médicos no queremos llegar a un acuerdo? Somos los primeros interesados en que esto se acabe de una vez y todos, profesionales y usuarios, lleguemos a la normalidad. Porque a los médicos «sí nos importan los usuarios», a los que, desde aquí, pido el apoyo en nuestra lucha por el sistema sanitario asturiano. Estamos todos en el mismo barco y luchando por nuestros derechos, estamos defendiendo los de todos. ¿Rehenes? Menuda afirmación. Esto es un conflicto laboral no un secuestro. ¡Que no nos enteramos!

Sexta: El respeto exigido por el Gobierno debe de ser mutuo. Yo, a título individual, lo exijo hacia mi persona, como profesional. Ya estoy harto de que se me desprecie como médico y de que dañen mi dignidad otorgándome calificativos que no me atrevo a transcribir aquí. ¡Ya está bien!

Séptima: Necesito una explicación. ¿Cómo se puede hablar de la huelga médica de la Comunidad de Madrid y en términos de ¡ apoyooooo! y criticar a la vez la de nuestro querido Principado? Yo sí que lo sé... pero que me lo cuenten de su propia voz. Esto sí que es politiqueo.

Y acabo ya con las aclaraciones porque, a este paso, necesitaría un suplemento, de esos que nos cobran los domingos, para seguir haciendo puntualizaciones con el fin de que se enteren de una vez por todas Gobierno (que hasta cierto punto me importa un bledo) y usuarios (que son la razón de mi profesión... médico).

Para finalizar, dos cosas: una, mi deseo de que esto se acabe de una vez por todas y pueda empezar a trabajar y dejar de pelear, y dos, mi petición de respeto hacia mi profesión.

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