Galas ¿benéficas?
Hace unas semanas participé voluntaria y desinteresadamente y por convicción solidaria en una gala celebrada en la comarca del Caudal con el objeto de recaudar fondos a beneficio de una persona menor de edad que padece desde su nacimiento graves dolencias físicas que requieren atenciones y cuidados especiales y adaptaciones en el entorno para hacer más llevadera su existencia y la de sus seres queridos. Dicha persona es digna de todo el respeto, el cariño y la ayuda que se le puedan prestar y cualquiera con un ápice de humanidad se conmovería ante sus circunstancias vitales. Pero todo eso no debe servir para acallar y ocultar lo que vimos y vivimos allí los presentes y que paso a relatar.
Tras semanas de empleo gustoso de mi tiempo, de sufragar pequeños gastos, de implicar a amigos y conocidos y rogar a mucha gente su colaboración, nuestro recibimiento el día de la gala no pudo ser más frío. En todo momento hubo falta de agradecimiento, cariño, cercanía... Me sentí más como una trabajadora que como una voluntaria de una causa loable; parecía que nosotros éramos los «currantes» y ellos los «jefes», más pendientes de la recaudación que de la atención. Terminada la gala, con menor asistencia de la prevista, y dado que sobró gran cantidad de comida, lo lógico hubiera sido entregarla a una institución benéfica como Cocina Económica, Cáritas, residencia de ancianos, etcétera, o, incluso, a algunos de los voluntarios que allí había, con situaciones económicas muy difíciles a consecuencia de la crisis que padecemos; pues no, se apropiaron de los restos con gran celo y diligencia.
Otra cuestión inquietante es la opacidad respecto a los aspectos económicos de la gala. Por qué, si se hace voluntariamente entre todos, no es transparente para todos; lo lógico sería que se hicieran públicas las donaciones y las recaudaciones y detallar en qué se emplean, para tener constancia de que realmente se utilizan para el fin con el que son hechas.
Con estas reflexiones no pretendo sembrar dudas maliciosamente que frenen el movimiento solidario que el caso merece, sino sugerir que en las nuevas actividades que se están organizando haya más control, más cercanía, más calidez.
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