Nos están dejando desarmados
Agreden nuestra libertad. No puede haber libertad sin justicia social, ni justicia social sin libertad. La libertad colectiva debe ser defendida. No se puede seguir defendiendo la libertad individual de privilegiados sin defender la libertad colectiva. Pero no se puede renunciar a la libertad individual por buscar una justicia social. Debemos comprender, en todo su significado, que la libertad, más que un derecho, es el deber de darla a los demás. Se puede y debe discutir cómo establecer la libertad colectiva y cuál debe ser su coste, pero no se puede cuestionar la gratuidad y existencia de la libertad colectiva en ámbitos esenciales con el fin de engrandecer la libertad individual de unos pocos. ¡O es que sólo puede tener libertad aquél que se la pueda pagar! El pago de las tasas de justicia, es un asalto a la libertad colectiva; la descabellada propuesta del cobro del transporte sanitario por medio de una cantidad fija: un despropósito que ni si quiera es proporcional al servicio, o a los posibles del usuario. ¡Hay servicios que deben ser absolutamente públicos y gratuitos, además, deben ser realizados por funcionarios! La Administración, contratando servicios públicos a respetables empresas privadas o manteniendo extrañas subvenciones, nos hace escarnio. No puede ser que haya empresas privadas donde la fuente principal, y casi única, de ingresos sea el dinero público; mientras que la Administración no procura empresa pública, ni centros propios, que satisfagan dichos servicios. Es muy grave que se estén extinguiendo estos servicios públicos gratuitos para facilitar el paso a los servicios privados o subvencionados. Esto empezó con una falsa izquierda que creyó que si los servicios públicos los daba una institución (privada) de izquierdas, ya eran servicios públicos y se podía prescindir de los funcionarios: una corrupción conceptual espeluznante, que aún mantienen.
De seguir por este camino de agresión a la libertad, puede ocurrir que algunos piensen que se puede renunciar a la libertad a cambio de la justicia social. Se crearía así un ordenamiento social (ya ocurrió en el pasado) del que no queda, al final, ni rastro de justicia; donde la diferenciación no sería entre ricos y pobres, sino que, literalmente, sería entre dominadores y esclavos. Debemos comprender que libertad y justicia social configuran un ser simbiótico (al modo del estudiado kefir de Lynn Margulis) donde, si desaparece uno de sus componentes, todo se descompone y muere. Los alemanes deben recordar que, sin la desocupación y el desempleo en masa de la segunda década del siglo XX, no hubiera surgido el nazismo con su desastrosa segunda guerra mundial y sus genocidios. La desocupación en masa siempre ha incubado el huevo de la serpiente, y también lo hará en el presente, y lo hará en el futuro.
Han pasado treinta años, desde aquel primer gobierno socialista «Por el cambio», España nunca ha encarado el problema de la desocupación. Los irresponsables creen que ellos, como instituciones de izquierdas, se pueden hacer cargo de los servicios públicos de empleo y formación, y que los funcionarios deben ser declarados a extinguir o dejarlos extinguir. Continua creciendo la desocupación por falta de empleabilidad de los ciudadanos y la baja iniciativa de emprendedores que creen que, para su competitividad, necesitan subvenciones o contratos de aprendices gratuitos a los que pretenden orientar los sindicatos. Deleznable situación si no apuestan por lo primero: buenos servicios públicos de empleo y formación por medio de funcionarios: ¿por qué se mantiene a extinguir la Escala Media de Formación Ocupacional? ¿por qué se mantiene la consideración de «no docentes» a los funcionarios docentes, que lo fueron en el Ministerio de Trabajo, y por los que cotizó a la SS la dirección general de Enseñanzas Medias? Estamos sistemáticamente siendo desarmados, y nos dejamos.
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