El fin del mundo
"Dicen que se acaba el mundo,
lo dicen los misioneros.
Si se acaba para nosotros,
también se acaba para ellos"...
Así rezaba la coplilla popular, que a mi casi centenaria abuela, le viene a la memoria cuando oye hablar del enésimo intento de acabar con el mundo por parte de agoreros que sólo quieren rellenar páginas de revistas, periódicos o programas de televisión y tener su minutillo de gloria dejando la angustia y el nerviosismo en los crédulos y la indiferencia en los escépticos.. Esos versos pre-bélicos de principios de los años treinta no son más que el reflejo de que ya en aquella época, a la gente le importaba más los problemas reales, que una tontería ideal para que Iker Jiménez se gane las habichuelas un domingo más.
El mundo no se acabará, por mucho énfasis que le pongan nuestros políticos, pero si que estamos viviendo un hecho de lo más paranormal. ¡Apunta Iker!
Hemos viajado en el tiempo por obra y gracia del Sr. Rajoy. Con el ruido de fondo de santones y falsos profetas anunciando el fin del mundo como en los años treinta, la máquina del tiempo de la calle Génova, capitaneada por D. Mariano, nos ha transportado a aquellas épocas en las que sólo los ricos tenían derecho y posibilidades para ir a la universidad. Donde la justicia no existía para las clases obreras porque era inalcanzable. Cuando los médicos y medicinas, quien pudiera, las tenía que pagar. Donde todo lo básico era un lujo como la luz, el agua, el teléfono,..sumo y sigo.
El cáncer volvió a reproducirse. La derecha más rancia, clasista y osurera ha vuelto a salir de su letargo y han colgado en el armario su piel de cordero para vestirse de nuevo de Señores y Señoritos. La izquierda, rota en mil pedazos, descabezada, radical, está llena de mindundis e inútles que aprendieron primero a pegar carteles a base de lametazos con sus lenguas entrenadas a base de pasarlas por las partes de sus superiores allá donde no les da el sol. Los nacionalistas, cobardes, avaros y oportunistas, al ver que a esta pata se le ha acabado la carne, el hueso no les interesa y vuelven a remontarse a golpe de ADN y mentiras para seguir cebándose a costa del sufrimiento del resto de españoles. Los sindicatos, obesos de subvenciones, radicalizan las demandas y protestas, que como Boabdil, no supieron defender cuando vivían el sueño de los justos narcotizados con miles de millones de euros salidos de nuestras arcas y nuestros bolsillos. La gran mayoría de la prensa, bronceda de piel y de bolsillo por tumbarse al sol que más le calienta políticamente, actúan en esta función de hemipléjicos que sólo perciben y denuncian lo que su parte buena percibe, pero endulzan u obvian las que sus paganinis electos delectan.
Esperando que no se repita del todo la historia, confiemos en que no aparezca el salvapatrias de turno, gallego para más inri, que haga que estos que nos están robando a la cara con la impunidad que nuestras papeletas les otorgaron se lo lleven crudo a exilios dorados para luego regresar al cabo de los años con cara de circunstancia y con peluca.
El mundo no se si se terminará el día 21. Lo que si está claro que estos personajes endiosados, egocentristas, altivos y fariseos, han dado pasos de gigante para que se termine, al menos el de la clase media, a la que han dejado en la cola del pelotón viendo como los líderes se escapan en esta subida al Tourmalet.
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