Una nueva dictadura
Cuando un Gobierno impone una ley en contra de la opinión de los expertos, de los implicados, en contra del parecer de los posibles beneficiarios, o de los posibles perjudicados, tiene un nombre: dictadura.
Cuando un Gobierno se impone a sus electores con eslóganes tales como «es lo mejor», «está comprobado», «favorece la justicia gratuita», «mejora el servicio», negando la insistencia de correligionarios incluso, es una dictadura.
Cuando un Gobierno actúa como un padre, protegiendo a sus súbditos de ellos mismos, y a su pesar, es una dictadura.
No se trata ya de justificar la exacción de tasas-impuestos para la mejora del servicio de la justicia, obviando la pura recaudación para reducir el déficit bancario e institucional. Se trata de imponerse pura y simplemente porque no les queda más remedio.
El clientelismo que padece la política española está llegando a su paroxismo. Los actuales próceres sólo pueden tirar para adelante. No pueden revisar su sistema ni su actuación. Solo recaudar. Inventarán las mentiras más inverosímiles sabiendo que no les queda más remedio y que da igual que se los crea. Tienen que atropar como sea. Tienen que proteger a la banca, los intereses alemanes y, en menor medida, franceses. Si no es así, su economía se va al garete. Recortarán pensiones, gastos farmacéuticos, recortarán fondos para la enseñanza, para el progreso, en suma, recortarán y ahorrarán de donde sea, aunque condenen a morir de hambre, si fuese necesario, a los ciudadanos de a pie. Harán lo que les pidan los que antes eran los poderes fácticos.
No existe quiebra del sistema, simplemente los que mandan se han despistado, y no controlaron el dispendio, se les fue de las manos y no pueden rectificar. Y no solo eso. Nadie perdería mucho si se decidieran a llamar a las cosas por su nombre, cerrar bancos y liquidar deudas, pero es que los puñeteros bancos quieren seguir produciendo beneficios para ellos mismos. Esa es la coña marinera.
Lo que debe hacer la sociedad es bien sencillo. Fuera los políticos actuales. Pescozón a los bancos actuales (que cierren), pescozón al Gobierno (que dimitan). Y volver a empezar. Da igual si tenemos que reformar la Constitución, la Unión Europea o los mismísimos Estados Unidos. Lo que sea. Y que no amedrenten con China o su repajolera madre. Esto es bien sencillo. Párense un poco a pensar, y el primer pensamiento-solución que se les ocurra es el camino. Ya no podemos creer más tonterías.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

