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Fiesta para unos, amargura para otros

22 de Diciembre del 2012 - Pablo José Riera Tuñón (Villaviciosa)

Quisiera aprovechar la oportunidad que me brindan estas líneas para dar a conocer mi satisfacción y a la vez mi malestar en cuanto a la última fiesta organizada por la asociación de vecinos a cuya junta directiva pertenezco: la Asociación de Castiello de la Marina.

Como es lógico, en nuestra asociación buscamos lo mejor para la misma y siempre estamos intentando superarnos poco a poco e ir sacando algo de beneficio para los fondos, para lo cual organizamos tres pequeñas fiestas al año, sin contar la de San Juan, que es el patrón de la parroquia y es cuando se celebra una fiesta de mayor importancia.

El pasado 15 de diciembre se celebró en Venta las Ranas una gran cena para todas las personas que nos ayudaron y trabajaron en las actividades que organizamos a lo largo de todo este año. Tras la cena se abrieron las puertas a todo el público en general para dar paso a un gran baile con orquesta. La asociación prestó el servicio de bar y hubo algún que otro sorteo para, como dije anteriormente, reunir algún beneficio.

La velada estuvo más que animada; acudió gente de todos los pueblos de la zona y se alargó hasta bien entrada la madrugada.

Quisiera destacar unas palabras que me agradaron mucho y que pronunció un vecino muy apreciado por nosotros y que fue el encargado de realizar los sorteos, tarea que siempre le encomendamos debido a su simpatía. Dicha persona ensalzó en gran medida todas las labores realizadas por nuestra asociación y animó a todos los allí presentes a valorar mucho más el trabajo totalmente desinteresado que llevamos a cabo los miembros de la junta directiva, incluso llegó a decir que debería haber sido el pueblo quien organizase una cena en agradecimiento a la junta directiva y no al revés. Estas palabras concluyeron con un vibrante aplauso de todos los presentes. Hasta aquí todo bien.

Al día siguiente empezaron los comentarios. Yo no suelo hacer caso de las habladurías, pero cuando me competen en gran medida como en este caso me ofenden profundamente, y más si provienen de personas vecinas. Se empezó a calumniar por la zona y sobre todo en los bares (que siempre es donde se cuecen las más crueles difamaciones) infundios como que nuestra asociación carecía de permisos para hacer fiestas, que se nos debería denunciar por ofrecer servicio de barraca, que también se nos debería demandar por tirar voladores, etc., etc. Me llovieron comentarios de todos los sitios y de todos los tipos. Reflexionando todas estas patrañas sólo llego a una conclusión: hay gente tan infame e ignorante que solamente piensa en hacer la vida imposible a cuatro personas que formamos una junta directiva y que sólo pensamos en trabajar y trabajar por y para el pueblo y que sufrimos para que otros se diviertan, y recibimos a cambio solamente la satisfacción de ver que nuestro pueblo se mueve y tiene vida. Otras muchas veces recibimos también la decepción de ver que otras personas, en muchos casos vecinos, se alegrarían de que las cosas te salieran mal.

A todas estas personas malignas tengo que aclararles que nuestra asociación dispone de todos los permisos necesarios para celebrar estas fiestas, aparte del seguro obligatorio de responsabilidad civil. Asimismo, si estas fiestas se celebraran cada fin de semana comprendería el enojo de los negocios hosteleros de la zona, pero son tres fiestas anuales que se celebran con la única intención de ver a los vecinos relacionarse y divertirse. Además, desde que tengo uso de razón no soy capaz de concebir una fiesta en la que no se tiren voladores. Es una tradición remota y sobre todo muy arraigada en la zona rural. El pasado día 15 tiramos una docena de voladores, ni más ni menos. Opino que un día de festejo se debería olvidar el hastío y no irritarse porque unas personas que están celebrando una fiesta en la que todo el mundo se está divirtiendo tiren una docena de voladores. Además creo que en numerosas ocasiones a lo largo del año (partidos de fútbol, misas, juergas privadas) se tiran gran cantidad de voladores y nadie se queja ni dice nada.

Con estas letras quiero hacer reflexionar a algunas personas y hacerles darse cuenta de que la amargura es muy contagiosa y que no deberíamos mezclar nuestra acritud con el optimismo de los demás y las ganas de hacer cosas buenas. Opino que todos deberíamos poner nuestro granito de arena para no atormentar a las personas que forman una junta directiva y trabajan desinteresadamente, pues la paciencia humana tiene un límite y puede llegar el momento en que dichas personas se sientan derrotadas por la perversidad de otras.

Pablo José Riera

Venta las Ranas (Castiello de la Marina), Villaviciosa

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