La voz de Toño Brañas entre luces y sombras
El tenor tevergano elevó con su concierto los corazones de los asistentes en la colegiata.
No se podía en ningún momento imaginar –hace ya de esto casi medio siglo, cuando fue bachiller y luego profesor en el Colegio San Pedro de la colegiata–, el recibimiento, el calor y los aplausos que iba a recibir, un día, el tenor tevergano Juan Antonio López-Brañas entre las alegorías de los capiteles de un templo recién inaugurado con un «Sursum cordan» elevado a lo más alto.
Fue tanto el corazón, la voz armoniosa y la maestría y tablas adquiridas en los escenarios, que, entre las luces y las sombras de la iglesia milenaria se abrazaron y sonrieron hasta las imágenes. El numeroso público que abarrotó el templo románico le tributó un gran homenaje por su buen hacer, su trayectoria musical y el canto con sabor a la profunda tonada asturiana.
Gentes llegadas de todos los lugares y concejos aledaños fueron tomando sitio hasta el punto de quedarse de pie a falta de espacio, con unas bancadas repletas, mientras en los laterales de las dos naves no cogía un alfiler.
Primero fueron las voces del coro de los «Valles del oso» quienes calentaron el ambiente con cuatro canciones populares, interpretadas con un buen tono afinado, para irrumpir con la maestría de un gran profesional, la guitarra de Santos Alonso.
Fue entonces cuando Tono Brañas –como se le conoce, de manera popular– puso el alma en cada canción. A veces, entrecortada su voz en los prolegómenos de cada interpretación por la emoción que le embargaba, mantuvo siempre el temple y unas cuerdas vocales como en sus mejores tiempos. Los aplausos, en cada una de las interpretaciones, llegaron al máximo cuando dedicó una balada a la familia de Martín Menéndez, vecino muy querido y fallecido el pasado verano.
Canciones de «El Presi», cantos populares y las tonadas vernáculas –con el recuerdo del inolvidable José León Delestal– dejaron un buen sabor entre los asistentes a los que tuvo que responder con una de sus canciones favoritas dedicadas a su padre. Juan, el de Piedad cruzaba los montes de Santa Marta para incorporarse todos los días a su labor en las minas de Hullasa, en Santianes. Luego de siete horas picando carbón Juan volvía al hogar caminando de madreñas por sendas llenas de barro y a veces de nieve.
Hijo del pueblo de La Torre de Valdecarzana, Tono Brañas fue educando su voz hasta sus primeros conciertos en el año 1971, para formar parte, diez años después, del cuarteto «Asturianía» del Centro Asturiano de Madrid. Viajó por todo Latinoamérica y Europa y tiene en su haber más de trescientos conciertos y cinco LP, junto al cuarteto y de manera individual como solista.
Al final, por su desprendida colaboración con los actos e iniciativas que «Teverga solidaria» ha realizado a mediados de este mes fue obsequiado con varios regalos. Pero el mejor de todos fue, sobre todo, el calor y la simpatía que le mostró, en todo momento, el público asistente.
Tono Brañas, visiblemente emocionado a lo largo de todo el recital, asegura que seguirá cantando allá donde lo llamen, sobre todo para causas altruistas como ésta, pero también desea dedicar su tiempo a la familia y a sus tres nietos.
Tono, sabes cómo se te quiere por estos valles. Te deseamos muchos triunfos, porque también serán los nuestros y allá donde vayas, deja, como siempre lo hiciste, el olor, el sabor, la solidaridad y la idiosincrasia de estas tierras que siempre serán tuyas.
Si somos capaces de levantar colegiatas y otros templos de las ruinas, de ayudar al que nada tiene con nuestras iniciativas y actos generosos, la suerte está echada para mostrar la estirpe y nobleza que nos acompaña.
Que la Paz reine en vuestros corazones durante estas fiestas y siempre. Todos cogidos de la mano saldremos adelante mirando, de cuando en cuando, para atrás ayudando a los que se nos quedan por el camino.
Teverga,
Celso PEYROUX
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