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Réplica a Ramón Suárez Díaz

19 de Diciembre del 2012 - Pedro Bengoechea Garín (Oviedo)

He leído atentamente el escrito dirigido a la directora de este diario con fecha de 08-12-2012. Me gustaría poder contestarle a cada una de las cuestiones y consideraciones que me hace usted, en algunas de ellas con directas alusiones a mi persona, pero por razones de espacio le paso a contestar de forma concisa y por partes. Tratándose de mí y de la disciplina (Psicología) que he impartido como profesional de la enseñanza, no soslayo la responsabilidad de responderle. En medio de tantos flancos que usted presenta, como blanco de interminables disputas, selecciono aquellas cuestiones más relevantes. Punto a) No debe usted alterarse, ni desasosegarse, porque un psicólogo mencione expresiones como la «recta razón» o la «naturaleza», porque a la postre tales conceptos constituyen la base de argumentación de nuestra interlocución y de los principios morales que regulan nuestro comportamiento. Seguro que así evitamos los prejuicios que usted tanto teme que yo utilice. Punto b) No entiendo el sentido que usted intenta transmitir cuando dice «todavía hay personas así, que consideran que la psicología no está teñida de moralidad»… Yo cuando escribo o hablo, si no tengo que expresarme sobre mi disciplina, hago abstracción de la misma. Además, debe saber que la psicología es una disciplina científica independiente, cuyo objeto de estudio es el de la conducta humana específicamente, por leyes y métodos exclusivamente científicos y no de cualquier otra índole, por lo que respetando los ámbitos respectivos se pretende existan buenas relaciones entre la ciencia y la fe. Punto c) Probablemente convenimos ambos en que es más perversa la homofobia que la homosexualidad, pero con algunas matizaciones, añadiría yo. Las dos realidades no son indiferentes. La homosexualidad suele definirse como una tendencia sexual que se inicia durante el desarrollo afectivo de la persona y se organiza sobre la base de un conflicto psíquico no resuelto. La homofobia, por el contrario, es el término utilizado por asociaciones homosexuales para estigmatizar a todos los que se preguntan y no aceptan la trivialización y normalización de la homosexualidad. Son dos términos contrapuestos, y con frecuencia confrontados, que conllevan en la práctica no escasos problemas y conflictos que es preciso superar.

Punto d) Usted parte, en mi opinión, de la base de que las realidades más fundamentales como el matrimonio, la familia, el hijo, la mujer, el hombre son realidades susceptibles de cambio en el transcurso del tiempo. Yo le tendría que distinguir. En aspectos de lenguaje y significado de las palabras utilizadas sí puede haber una evolución o cambio en la mejora de la dicción y la comprensión de la comunicación, o de la manipulación distorsionante; sin embargo, se descartan cambios sustanciales de realidades a las que esos términos aluden y que permanecen invariables. Por de pronto, no son construcciones sociales sujetas a cambio, como sostiene la ideología de género. Para esta teoría no existe la división en dos sexos, ni las diferencias entre el hombre y la mujer son debidas a la naturaleza, sino a la cultura, por lo que la diferencia entre sexos y sus respectivos roles serían meramente una construcción social, sujeta a cambio. Los seguidores de esta ideología conciben que el ser humano nace sexualmente neutral y después es socializado como hombre o mujer. Utilizan palabras neutrales: mujer, cónyuge, y no esposa, madre. Afirman que la reproducción humana está determinada socialmente. Si biológica y sexualmente la gente es polimorfa, sostienen que debería permitirse toda forma de expresión sexual. Esto, señor Suárez, sí que es aberrante, y lo padecemos cuando se intenta deconstruir el lenguaje, las relaciones familiares, la sexualidad, la educación, la cultura, etcétera. Le deseo sinceramente lo mejor. Doy, por mi parte, finalizado definitivamente este debate.

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