Del lado de los pacientes
Empecé mi anterior texto con la siguientes palabras: «Con esta carta escribo mis últimas líneas acerca del conflicto sanitario»... Pero no va a ser así, y pido disculpas por ello. Por haber dicho una mentira. Vuelvo a tener la necesidad de escribir sobre el tema. Esta vez en relación con el relato de Ángel Mario Díaz, marido de Carolina Espina, y con una carta al director publicada el 20 de noviembre con comentarios al respecto. Voy a ser igual de claro que otras ocasiones pero más corto, por no aburrir a los lectores y porque me estoy quedando sin ganas de dar más explicaciones.
Únicamente tres cosas.
La primera, solidarizarme con la paciente y su familia. A pesar de lo escrito en la carta publicada el día 20, soy capaz de ponerme en su lugar y hacerme cargo de la situación porque, antes que médico, soy persona. Que no se le olvide a nadie.
La segunda, aclarar que si la intervención quirúrgica fue pospuesta, no fue por la huelga en sí misma, sino por la falta de previsión por parte de la autoridad competente a la hora de establecer los servicios mínimos necesarios para un hospital de tercer nivel como es el HUCA. Un paciente tumoral siempre es considerado prioridad absoluta; pero si hay más casos que atender que personal designado como servicio mínimo, ya tenemos un problema. Y la culpa no la tiene el personal, sino el que asigna el número de personas necesarias para cubrir todos los casos incluidos en el listado de servicios mínimos.
Y tercero y último, en aclaración a la cartita a la que hago referencia, la huelga de los señores médicos no es ninguna desfachatez. ¿Cómo se permite la licencia de hablar de privilegios, status profesional privilegiado, caérsenos la cara de vergüenza o carecer de sentimientos de humanidad? Lo único en lo que se ha acertado es en lo de status profesional, porque somos profesionales como la copa de un pino, con unos derechos laborales legalmente regulados y atribuidos por parte de la Administración, y no a punta de pistola. Para hablar de un tema, lo primero que hay que hacer es informarase. Estoy completamente de acuerdo en que cualquier situación anómala que se salga de la legalidad, tanto por parte de los empleados como por parte del empleador, tiene que ser sancionada con todo el peso de la ley. Lo que pasa es que hay que saber a quién pedir responsabilidades. Nada puede quedar impune, pero ni siquiera las afirmaciones gratuitas de personas mal informadas, porque mal-hablar por mal-hablar también tiene que tener su precio.
Yo voy a ser bueno y, de verdad, que éstas son mis últimas líneas sobre este tema. Personalmente no intentaré dar más explicaciones sobre los motivos del conflicto de la sanidad de nuestro querido Principado, porque a buen entendedor pocas palabras bastan; y a mal entendedor... ¡que pregunte!
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