Segunda oportunidad
Un día de octubre de 1970 sufrí un accidente de tráfico cuando iba en coche con mi hermana y un autocar de Alsa nos echó de la carretera con nefastas consecuencias. Todo ello derivó en una serie de intervenciones quirúrgicas a vida o muerte en las que me tuvieron que realizar varias transfusiones de sangre. El problema es que esa sangre estaba infectada con el virus de la hepatitis C. Nunca recibí por ello indemnización alguna ni compensación dineraria o moral. Todo ello acabó degenerando en cirrosis hepática y como colofón la aparición de los temidos tumores. El pasado 18 de julio de 2012 fui sometido a un trasplante hepático en el HUCA y quisiera aprovechar esta tribuna que el diario LA NUEVA ESPAÑA me brinda para hacer llegar mi más sincero y eterno agradecimiento al equipo que me trató y que aún lo sigue haciendo en las revisiones periódicas aunque lo justo sería empezar dando las gracias al donante que de forma anónima y generosa hizo posible que la vida me pueda dar una segunda oportunidad. También a su familia y que ésta supiera que ese órgano que está ahora en mí está siendo tratado con mimo y con gratitud, como no podía ser de otra manera.
Agradecer también a consultas externas, doctores, enfermeras, cirujanos y a las personas que desempeñan su labor en la UVI, así como al personal de la segunda planta. Vuestra labor es impagable. No doy nombres porque seguro que se me queda alguno en el tintero y eso no sería justo. Quisiera destacar el buen trato y la atención recibidas además del trabajo que el personal sanitario desempeña día tras día porque la enfermedad no distingue los días laborales de los festivos ni el día de la noche.
A día de hoy me encuentro a la espera de recibir un tratamiento (sería el segundo ya, el primero resultó fallido) que acabe de una vez con esta enfermedad y poder hacer una vida normal. Quizá para el año que empieza pueda comenzar dicho proceso.
Un último mensaje: tenemos unos grandísimos profesionales y eso constituye todo un privilegio. La sanidad, junto con la educación y la justicia, son los pilares del Estado del bienestar que tanto nos ha costado construir entre todos y que parece que se está derrumbando poco a poco. En mi caso particular sería una triste paradoja que después de todo el tiempo que llevo esperando para afrontar mi cura tuviera que verme abocado junto con otras muchísimas personas en mi situación a tener que copagar dicho tratamiento, y más tras casi cuarenta años cotizados a la Seguridad Social. Muchas gracias a todos y un saludo.
Francisco García Rubio
Gijón
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