Una falacia real

4 de Enero del 2013 - Francisco Javier Monge Alonso (Oviedo)

Nuestro campechano, querido y aclamadísimo monarca nos deleitó la noche del 24 de diciembre con un espectáculo digno de análisis profesional.

En líneas generales, como ante cualquier situación adversa, se mostró al servicio del pueblo, y cercano a aquellos que estaban pasando por momentos adversos; pero la realidad es otra muy diferente. EL Rey, de cada vez menos, se tomó la libertad de incluirse en esa gran mayoría del pueblo español que atraviesa una situación que ronda lo tercermundista, para hacer hincapié en que debíamos avanzar en la dirección de las políticas austeras en a aras a favorecer la economía nacional. En ese momento, me hubiera gustado haberme aparecido, cual fantasma de Navidad, para preguntarle de qué manera se ha ajustado él y toda la casa real el cinturón, pues en el último año la prensa nacional e internacional no has hecho ver como, mas bien, aflojaban un par de agujeros su cinturón, por medios ilícitos.

Un punto cuanto más triste, son las menciones que hace a Iberoamérica y Europa, pues hay escándalos para ambos lados del charco. Allá por noviembre de 2007, este cortés caballero, no tuvo más que la genialidad de mandar callar a uno de los presidente asistentes en la XVII Cumbre Iberoamericana mediante el famoso "¿Por qué no te callas?"; un auténtico ejemplo de saber estar, el cual acarreó duras consecuencias para las multinacionales españolas que maniobraban en el país del cual era presidente esa persona. Desde entonces, y algo antes, no han hecho más que sucederse los escándalos por su parte y la de los suyos, de cara a la opinión nacional e internacional. Este año hemos podido comprobar el saber hacer de este individuo, con el escándalo de la caza de elefantes y, ¿cómo no?, con su mal proceder en el caso Urdangarín, en el que algunos atrevidos, bajo el anónimato que proporciona internet, no vaya a ser que en esta pseudemocracia pase algo; afirman que está más inmiscuido que el que comparte nombre con el caso.

En definitiva; el Rey de otros, no hizo más que un desglose de hipocresía y desvergüenza ante aquellas personas que, por poco tiempo, le dan de comer cada día, intentando a la desesperada limpiar su imagen a costa de poner en duda el intelecto de todas las personas que estábamos en frente del televisor. Esta es nuestra España; éste, nuestro Rey.

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