Lo importante en medicina es intangible
Me enfrento a la página en blanco con la sensación de entender que mis actos puede que sean tiempo perdido y, sin embargo, con la necesidad de hacer lo que creo correcto. Me obligan la fuerza de la razón y la necesidad de justicia. Yo hoy me rebelo ante la sinrazón y la situación de silencio obligado al que estamos sometidos como médicos. Desde algunos medios se realizan afirmaciones y opiniones sin rigor, lejos de la realidad, llenas de falacias y con sospechosos intereses creados, atacando a la medicina en general y a los médicos internos residentes (MIR) de Asturias en particular. Yo quiero dar un punto de vista muy particular, el mío.
Habitualmente, a muchos se les llena la boca cuando hablan de la gran Asturias, cuna de ilustres personajes de la historia: el rey Pelayo, Jovellanos, Carrillo, Severo Ochoa, Margarita Salas, Grande Covián, Villa o La Pixarra. Y, sin embargo, el espíritu y la raza de estos asturianos en su tierra lo están matando, menospreciando la dedicación y el esfuerzo por aportar algo a esta sociedad, recibiendo de ésta una bofetada en justiprecio.
Están extirpando de estos profesionales la ilusión por luchar por esta tierra, y para eso no existen prótesis. Están echando de esta tierra a profesionales con compromiso en esta sociedad. Ya hay quien se queja de que nadie se quiere quedar en Asturias. ¿A qué precio? El que más y el que menos quedará atrapado por una hipoteca o la familia, pero el que pueda huir de este barco que están torpedeando desde dentro y se hunde, ésos huirán. No tendréis nada que reprocharles, hasta el perro al que apalean huye de su amo.
¿Nunca se preguntaron por qué un residente hace más de tres mil horas de trabajo al año sin rechistar? Uno no hace medicina sólo por un sueldo, se hace por necesidad. El médico necesita sentirse útil y comprometido, necesita sentirse valorado. ¿Quién trabaja con una formación de excelencia y exigencia continua por 6-7 euros la hora como nosotros? A mí como a tantos otros nos han tachado nuestras familias o allegados de tontos por realizar nuestro trabajo a precios de saldo. La gente no entiende que muchas veces estamos más y mejor pagados simplemente por el agradecimiento sincero de un paciente que te tendrá en su retina toda la vida. Nunca el dinero ha sido el motor de nuestro día a día, pero atacad nuestra dignidad como profesionales, atacad el Sancta Sanctorum de la medicina y pronto encontraréis que nuestro interés por esta sociedad ha muerto.
Yo los conozco. Esos MIR que empezáis a desprestigiar son lo más puro de la medicina asturiana. Aún no están contaminados de ambiciones, de codicia, de bajas pasiones, a ellos los mueve la compasión, el compromiso, la inquietud, la justicia, el amor al prójimo, la vocación por ser médico. Aquello por lo que la medicina es arte, ciencia y humanidad. Se nos valora en los momentos de necesidad, pero en tiempos confusos como éstos hay cainitas que nos echan a los pies de los caballos.
Los residentes a día de hoy le dedicamos todos los esfuerzos a la MEDICINA (intencionalmente con mayúsculas) y no necesitamos que un señor puesto a dedo (políticamente hablando) nos insulte, nos escupa a la cara y se quede tan ancho. ¿Qué esperan de los profesionales de la sanidad con el tiempo? Mataréis esa honestidad que envuelve a la medicina, verdadero motor de que las cosas funcionen. Seguid así, jauría de burócratas, «llevapapeles», caciques, «tuercebotas», cabestros, mamporreros y demás chusma. Ganaréis tiempo pagando favores, aunque ya os pondrá la historia en vuestro sitio, pero quizá sea demasiado tarde y el daño que hagáis será irreparable.
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