No se discuten los contenidos, tan solo títulos
Sí, es cierto, debemos pasar de las palabras a los hechos y remar juntos y acompasados para que el bote no se vaya a pique. ¿Pero en que dirección remar? ¿En la de siempre? Creemos que nuestra decadencia es por remar de forma ineficaz, pero podremos encontrarnos remando eficazmente para conducirnos a los abismos. Debemos de no ver únicamente la apariencia y discernir los peligros que oculta tal apariencia. Por mucho que los trabajos de investigación ocupacional digan que se necesitarán reponedores y vendedores en las grandes superficies, así como también empleados para las residencias de la tercera edad; ese no es el futuro para el que debemos realizar esfuerzos de formación. También se suele escuchar que hay que adelgazar el gasto de la Administración, y se da a entender que hay que reducir los servicios públicos realizados por funcionarios por su dispendio, pero la realidad es que los gastos de la Administración no son solo ésos, sino que tiene cuantiosos gastos en contratos con empresas y entidades privadas que, en la mayoría de las ocasiones, tan solo tienen como cliente a la Administración para ofrecer sus servicios por los que ésta paga. Ese sector ambiciona que se reduzca el gasto en los servicios públicos a través de funcionarios, porque debe incrementarse el que se realiza a través de ellos. Sí, es posible que los funcionarios debieran ser más eficaces para poder eliminar tanto contrato concertado y colaborador con entidades privadas deseosas de que todo progrese según sus intereses.
En el mismo orden de apariencias peligrosas se mueve el conocimiento que no se estructura con racionalidad, sino que lo hace en el campo del poder: yo puedo, tú no puedes. Como ocurre con todo lo concerniente a la formación permanente de cara a la empleabilidad de las personas. El INCUAL, y su nefasta concepción de una estructura del conocimiento basada en guías didácticas y titulaciones, no discute sobre los contenidos estructurados de cara a la empleabilidad y competitividad de las empresas, sino sobre tales guías didácticas con sus títulos. Pero claro, ¿quién apuesta por el conocimiento en el barco de las apariencias? Cuando, si se desarrollaran todos los contenidos necesarios que se deben impartir en el sector industrial para que, en la era de la automatización de los procesos, éste fuese un país competitivo; entonces sabríamos y comprenderíamos que: primero, son muchos los contenidos que nos faltan y no figuran en ninguna titulación o guía didáctica; y, segundo, que esos contenidos que nos faltan son todos los necesarios para desarrollar la empleabilidad de las personas y, con ella, la competitividad de las empresas. Pero ignoramos hasta su propia existencia. No, no vamos a cambiar el rumbo. Los sindicatos y la patronal seguirán con sus particulares y privados intereses de orientación y formación para el empleo concertadamente; y más ahora con los aprendices en la propia empresa para ser instruidos de cara a un futuro más eficaz, pero eso sí, se remará hacia la decadencia de siempre como dicta la experiencia a transmitir. Porque está claro que debemos reducir ese dispendio del gran número de funcionarios docentes que, en la formación profesional para el empleo, desarrollan un trabajo con contenidos declarados a desaparecer por no estar en guía didáctica alguna.
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