Pedro y el lobo atómico
La bomba atómica ya puede producirse o se ha producido en estos momentos en Irán. Esa es la noticia que debemos asumir según la verdad oficial. Al menos cabe esperar que los mismos expertos que confirman esto no sean los mismos que certificaron lo de las armas de destrucción masiva de Irak.
Más allá de la macabra broma cabe hacerse algunas reflexiones. Los controles de armamento de terceras naciones por parte de las potencias, particularmente las anglosajonas, no son nada nuevo. Antiguamente, si se enteraban de que construías demasiados barcos te quemaban el astillero o te mandaban corsarios a alta mar. Asumo que siempre será mejor que las guerras se desarrollen en incomprensibles decretos del derecho internacional y que es mejor que los misiles nucleares queden en manos de naciones más o menos democráticas antes que en las de unos sicópatas fanatizados. Imaginemos que el obispo de Alcalá o cualquier telepredicador tuvieran un buen arsenal para situar lo que opino.
Sin embargo, de lo que más desconfío es del temor que me tratan de infundir quienes verdaderamente controlan el mundo. Cada cierto tiempo tienen la rentable costumbre de señalar peligrosos enemigos, malos malísimos de película que quieren apoderarse del planeta. Por volver a Irak vemos ahora que todas esas mentiras sirvieron para lo que muchos sospechábamos; para controlar el mercado petrolero, aunque para ello se haya devastado un país entero con varios centenares de miles de muertos de los que nadie se hará responsable. Y esa es otra, si un subdirector general puede ir a la cárcel por la responsabilidad que conllevan ciertas firmas, por qué demonios los políticos nunca son responsables de esos monumentales atropellos a la humanidad.
Como concepto mercantil alcanzo a suponer que Corea del Norte es el último rescoldo de la guerra fría, su utilidad reside en justificar el descomunal gasto armamentístico de Estados Unidos (y viceversa) ahora señalan abiertamente a Irán, la tesela que le falta al mosaico del Golfo Pérsico. No soy tan simple como para albergar buena opinión del estado sacerdotal iraní, pero llego a entender que los recursos empleados en aplastar naciones por intereses económicos podrían desviarse y empujarlas a transformarse en prósperas comunidades con restaurantes, agencias de viaje, zapatillas de colores y divorciados con moto. Un decir.
Mientras, aventuro la comparecencia de nuestro presidente, plagiando a su mentor; mírenme fijamente a los ojos, he visto más allá de Orión cosas que ustedes no entenderían jamás; ellos tienen la bomba. Era algo así, ¿no?
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