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Un mensaje descafeinado

7 de Enero del 2013 - Ricardo Luis Arias (Aller)

Como es habitual, el Rey nos ha largado su mensaje de Navidad el día de Nochebuena –no muy buena para la Casa real, que está pasando por sus peores momentos–, esta vez con el pompis apoyado sobre lo que parece ser su mesa de trabajo. Todo muy estudiado, hasta el último detalle. Fotografías colocadas sobre una estantería, y un montón de libros presentados de una forma como queriendo decir que se los acaba de ventilar vorazmente, cosa que no se cree nadie. El Urdangarín no aparece en ninguna foto, y sí, destacadamente, los príncipes don Felipe y doña Letizia, queriendo decir con ello que son los futuros titulares de la Casa Real. Hombre, esto ya lo supones, pero ¿cuándo? Por el prestigio y la buena imagen de la monarquía constitucional, este cambio o relevo debiera hacerse cuanto antes. Sí, porque con lo del corrupto yerno y la caza de elefantes en África, la Corona está hoy en el alero.

El descafeinado mensaje o discurso del Rey, más bien una homilía (que no fue en directo, sino grabado unos días antes, con pruebas, correcciones y demás argucias para que todo salga bien y dar el pego), nada nuevo nos dijo. Mucha retórica, con un dulzón lucimiento personal y, entre otras divagatorias lindezas, que la política tiene que ser con mayúscula, expresión que nos hizo recordar a Gila. Sí, porque la política carpetovetónica es más bien una chufla que otra cosa. Ni mayúscula ni minúscula. Y desde la Zarzuela a la Moncloa, pasando por sus excelencias y señorías, la política está hecha unos zorros por los malos políticos. Y lo de malos sí tiene que ser con mayúscula.

El Rey, al igual que Rajoy, no hizo alusión alguna a lo de Cataluña, que tanto preocupa a toda la ciudadanía. Con ello nos da a entender que a él tampoco le inquieta lo más mínimo el grave problema catalán, o bien no quiere enfadar más aún al reyezuelo Mas y su tropa separatista, ya que hablan de tener un Ejército propio, con aviones y todo. Y quién sabe, hasta una Santa Inquisición para quemar en la hoguera a los castellanohablantes, cuya vida allí es ya imposible e insoportable, cosa que a los inquilinos de la Zarzuela y la Moncloa no parece importarles.

El mensaje del Rey, ni chicha ni limoná, como dice el castizo malagueño. Y en la Zarzuela y la Moncloa, al alimón, se ha comido felizmente el turrón.

Ricardo Luis Arias

Aller

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