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Robots Rossum: mano de obra barata

7 de Enero del 2013 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

¿Quiere usted abaratar su producción? Encargue un robot Rossum o ponga un aprendiz en su empresa. Una nueva relación se abre paso: la de maestro / robot. No es mucho el cambio conceptual con la vieja relación amo / esclavo, pero impresiona el sustancial. Todo comienza con la revolución estadounidense y la consecutiva revolución industrial transformadora de los esclavos y siervos, del Antiguo Régimen, en trabajadores que compran su subsistencia con su salario. Esa revolución industrial desembocó en la 1ª Guerra Mundial. Y, Tras ella, y durante ella, se pusieron de manifiesto nuevos paradigmas que pretendían sacrificar la escasa libertad que se tenía, por la igualdad y la justicia social. Intentos que terminaron bajo el más abyecto de los dominios: el del totalitarismo. Con tal comportamiento, y junto a la racionalización del trabajo, se llega a los inconscientes años 20 del XX y a la gran depresión con su gran desocupación, luego a la 2ª Guerra Mundial. Tras ella, y durante ella, surge la automatización de los procesos: Norbert Wiener (matemático, zoólogo, filósofo y prodigio) desarrolla la automatización de un cañón antiaéreo. Este padre de la cibernética nos deja un consejo que no se ha seguido: «A partir de ahora, todos los que estudien ingeniería y automatización deberán tener como asignatura más importante la sociología». Los antiguos esclavos, los ahora trabajadores, son así reconvertidos en consumidores y votantes, personajes en busca de un autor. Se convierten en los necesarios ladrillos en el muro, unos ladrillos que ya no necesitan la no educación, ni la falta de control mental.

La automatización de los procesos continua, y la industria prescinde de los trabajadores del mono azul y también de los empleados del cuello blanco, pues es grande la capacidad de gestión de los ordenadores que, curiosamente, también se independizan haciéndose auto-programables. Pocos empleos van quedando a los activos ciudadanos, pero los que los consiguen, serán usuarios de un terminal y deberán estar altamente cualificados; pues con cada decisión, y tras pulsar una única tecla, desencadenarán una concatenación automática de procesos que podrán traer grandes beneficios, pero también cuantiosas pérdidas. ¿Estaremos suficientemente cualificados? ¿Qué debemos hacer con esos no consumidores, no empleados, que son sobrantes de la automatización y del necesario conocimiento?, ¿qué debemos hacer en un país en el que ni siquiera se ha llegado a la automatización, ni a una educación y formación adecuadas; y cuando no se tienen los robots necesarios para fabricar productos básicos a precios competitivos, cuando únicamente vemos futuro en el aprendiz manufacturero? ¿Qué debemos hacer con las cuantiosas perdidas que esto ocasiona, cuando los grandes beneficios se desentienden de los impuestos? ¿Les quitamos el derecho al voto? Realmente eso ya nos está ocurriendo: quien manda no es elegido por los ciudadanos; es más, la respuesta a nuestras justas demandas, suele ser: «es que eso no nos lo deja hacer el ordenador». Somos esclavos de un sistema que no nos pertenece, que no nos sirve, y que, para más inri, este país no quiere entender. La innovación posible con todo nuestro desarrollo tecnológico, recibe como respuesta: «no se puede hacer otra cosa que lo que hacemos»: usar la mano de obra gratis de los aprendices para abaratar la producción y dar satisfacción a la concertación social.

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