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Confunde que algo queda

15 de Enero del 2013 - Jesús Gonzalo Pérez López (Lugo)

Con actitud expectante leo el artículo de la señora Celia Gómez, directora gerente del Servicio de Salud del Principado de Asturias, según consta, por si tuviera a bien ofrecer la aclaración que como ciudadano se me debe, sobre las coordenadas, específicamente asturianas, en las que se mueve el conflicto sanitario de la región. Vana pretensión. Una vez leído el artículo, no sólo no me aclaró el mar de dudas que me asaltaban sino que otras nuevas, de mayor calado que las anteriores, acabaron por convertir el mar en un océano.

Esto me lleva a plantearme la siguiente disyunción no excluyente: o como directora gerente no es capaz de hacerse entender, dadas las contradicciones y carencia de lógica expositiva de su artículo; o esa confusión forma parte de un guión premeditado de demagogia barata tendente a que, de tales procelosas aguas, los usuarios de la sanidad pública extrajéramos alguna conclusión errónea con la que el Servicio de Salud, que usted representa, resultara social y políticamente beneficiado; o bien son compatibles, simultáneamente, las dos posibilidades anteriormente contempladas.

En cualquier caso, desearía puntualizar, en relación con su artículo, lo siguiente:

Que el título del mismo («El descanso tras la guardia es irrenunciable»), con el corolario, a modo de subtítulo («No hay razones para mantener el conflicto en la sanidad pública»), sólo puede contribuir a la ceremonia de la confusión, ya que no parece que ni legal ni moralmente dependa de usted el permitir que se ejerza un derecho conquistado por la lucha y el sacrificio de muchos trabajadores y trabajadoras a lo largo de los siglos.

Como no puedo creer que pretenda usted retrotraernos a etapas oscuras, no tan lejanas, sufridas en este país, tengo que pensar que la huelga convocada por los profesionales, de los que usted supone gratuitamente que no han leído la letra del decreto, será por alguna otra razón de peso que usted obvia. Tengo la impresión de que, tanto el decreto como su artículo, además de letra, tienen espíritu.

De todos modos, por si fuera el caso, no se puede perder de vista que un derecho deja de ser tal cuando su ejercicio exige renunciar a algo de lo que lo configura, ya que o es pleno o no es derecho.

De las razones que ofrece usted para lo que califica de sinrazón de la nueva convocatoria de huelga, la primera (que no haya sido bien explicada la decisión de la Administración), la lectura de su artículo parece confirmarla plenamente. En cuanto a la segunda (que bajo esa consigna se escondan otras razones que no se puedan explicitar), dice usted que de ésta poco puede argumentar, aunque pueda intuir esas razones. Este oscurantismo de insinuaciones vergonzantes es inadmisible en una responsable política que ocupa las páginas de un periódico, supuestamente para aclarar el estado de un conflicto al que tan sensible es la ciudadanía. Su actitud es intelectualmente insostenible y moralmente abyecta.

Habla usted de que las horas de guardia no son de trabajo efectivo sino de disponibilidad para hacer frente a las eventualidades. Pero, ¿no le parece a usted trabajo efectivo asumir la responsabilidad de realizar una operación urgente a las cuatro de la madrugada, por ejemplo? Además, la disponibilidad de la que habla, ¿no es en sí misma un trabajo?, ¿pensó en el posible efecto de transponer ese criterio a la función que usted desempeña?

Y como si fuera un plus o un lujo, dice que existen salas de descanso mientras no son necesarios los servicios de los profesionales. ¿Es capaz de calificar como descanso la situación que sufren en las guardias? ¿Pretende mantenerlos desfilando por los pasillos hasta la extenuación?

Las soluciones que usted propone para tiempo de crisis no parecen un portento de imaginación creativa ni, mucho menos, de justicia social. Todas las opciones que baraja van en la misma línea y parecen mirar más al modelo madrileño de la señora Aguirre que a procurar evitar que se marchite definitivamente la S que todavía mantiene entre sus siglas el partido gobernante en Asturias. A pesar de querer hacer ver que su actuación va encaminada a salvarnos de la privatización, con la que veladamente amenaza como única alternativa a su propuesta, lo cierto es que trata usted la sanidad pública con el discurso y la terminología propia del capitalismo especulativo que nos metió en la crisis, de la que usted pretende sacarnos con la contribución de los que la padecemos sin tocar los intereses de los que realmente la provocaron.

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