¡Jesús, cuántas pequeñeces!
Diputado del Partido Popular y en la actualidad presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, en reciente entrevista radiofónica, pidió a los ciudadanos que no juzguen a los diputados por «pequeñeces» como es el dinero que cuestan los viajes y los gastos que realizan en el ejercicio de su cargo. Hay que valorar, añadió, de forma global si las leyes que aprueban son «buenas» o son capaces de llegar a consensos en asuntos importantes. Lo sustancial es que «las cosas se hagan bien», en vez de discutir si los parlamentarios «gastan más o menos».
Recordó asimismo que los sueldos de los parlamentarios llevan congelados desde el año 2007 y ahora cobran entre un 12 y un 15 por ciento menos que hace cinco años. «Pero eso no se tiene en cuenta», remachó. Un miembro del Congreso ingresa al mes 2.813,87 euros en concepto de asignación constitucional, más 1.823,86 euros si es de fuera de Madrid, para sufragar sus gastos en la capital, y 870,56 si fue elegido por la circunscripción madrileña. Esto lo cobran todos los diputados. Después pueden incrementar sus ingresos si son miembros de la Mesa de la Cámara, o bien presidentes, vicepresidentes, secretarios o portavoces de una comisión; además, por cada viaje al extranjero, perciben 150 euros de dieta; si es dentro de España esa dieta se queda en 120 euros.
El presidente Posada aún justificó que no se detalle el coste de los viajes internacionales de los miembros del Congreso, porque el dato a destacar es si esa actividad es «útil» para el Parlamento. Y, a renglón seguido, subrayó que ya se especifica en la página web de las Cortes el número y nombre de los diputados que viajan y el motivo del desplazamiento. Asimismo, Jesús Posada cree que hay una idea equivocada del concepto de transparencia en la vida pública porque no hay que «contar todo» para que los ciudadanos restablezcan su confianza en los políticos.
¡Olé y olé!, que diría el castizo.
Pues bien, para ser obedientes, desde el pasado día 27, víspera de los Santos Inocentes, el término «pequeñeces» debemos asociarlo a los gastos que sus señorías originan con sus viajes, de acuerdo con lo dicho por el susodicho presidente del Congreso.
Dice el señor Posada que lo que tiene valor es saber si se hacen buenas leyes o juzgar si los diputados consensúan los asuntos importantes, ya que lo otro –lo que suponen viajes y gastos que con tal motivo ocasionan– son pequeñeces, es decir, según el diccionario de María Moliner, cosas de poca monta, insignificancias, minucias...
En lo relativo a la importancia de las leyes o el consenso, que también citó, desde luego no seré yo quien le quite la razón al presidente. Pero, dicho esto, no logro entender qué relación puede existir entre ello y que los parlamentarios viajen en clase preferente o hagan gastos difícilmente justificables en un momento en el que al país se le están exigiendo descomunales esfuerzos para promover cuanto antes la salida de la crisis. De hecho, si la calidad de un servicio dependiera del tipo de sillones en los que posan sus posaderas el señor Posada y sus directos colaboradores, habría que llegar a una lógica conclusión: que nuestros hospitales y universidades, por citar sólo dos casos, serían un auténtico desastre, pues la inmensa mayoría de médicos y profesores españoles viajan en clase turista cuando lo hace por razones profesionales.
Por tanto, el aasunto es otro bien distinto, aunque le cueste entenderlo a quien, como Jesús Posada, lleva ocupando cargos públicos desde que en 1979 fue nombrado gobernador civil de Huelva. El fondo de todo ello debe ser la ejemplaridad que cabe esperar de quienes desde diversas posiciones de poder están pidiendo –o más bien exigiendo– enormes sacrificios a la ciudadanía.
Y, por esto fuera poco, resulta evidente como medida ejemplar para una sociedad que está pasando por durísimos momentos. Cuando ya hay más de seis millones de parados y otros miles de trabajadores del sector público y privado con salarios rebajados, cuando hay que reducir servicios o emplear diversas formas de «copago» para mantenerlos, ver a nuestros parlamentarios nacionales o autonómicos viajando en clase preferente es, cuando menos, un desprecio, un insulto. Un exceso más de los muchos que nuestro país no puede permitirse.
Por otra parte, muchos españoles nos preguntamos: ¿no es absolutamente exigible más sentido común a quien cobra más de 5.000 euros mensuales del erario público, amén de otras canonjías, mientras millones de conciudadanos hacen equilibrios económicos para poder dar de comer a sus familias?
Señor Posada: en España, ciertamente, sí se producen muchas, muchísimas, pequeñeces. Por ejemplo, una gran pequeñez que también paga el pueblo: Alemania, 84 millones de habitantes: 200.000 políticos; España, escasos 47 millones de población: 452.000 políticos. ¿Para qué necesitamos tantos diputados si cada vez legisla más el Parlamento europeo? Y podríamos seguir comentando más menudencias.
Para concluir: ¿de qué nos quejamos los trabajadores de a pie? ¿Acaso no acaban de subir un 0,6% el salario mínimo interprofesional?
¡Qué pena de buen país!
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