Enero, la cuesta más costosa
El comienzo de cada año tiene sus propios rituales. Atrás han quedado los festejos navideños. Ya tenemos aquí, pues, la tan temida cuesta de enero. Como mucho, hemos podido retrasarla hasta después de la festividad de los Magos de Oriente, que este año han llegado cargados de ilusión, sí, pero más que nunca con mucho carbón como queriendo expresar con ello el negro horizonte que se vislumbra.
Lo primero que debemos hacer es tratar de superar como se pueda la cuesta de enero, un esfuerzo que en este 2013, con las angustias económicas que arrastramos en cascada desde que empezó esta interminable crisis, va a ser todo un ejemplo de resistencia frente a la adversidad y la desdicha.
Para las familias españolas puede decirse sin temor a equivocarse que, económicamente, nunca han sido fáciles los meses de enero. Las celebraciones navideñas hacen mella en el bolsillo de los ciudadanos y las casi inevitables subidas de precios que traen todos los comienzos de año dejan maltrechas las rentas familiares.
Pero las subidas de este año están siendo especialmente duras. Cinco años de crisis están dejando más de 6 millones de ciudadanos sin empleo, otros muchos con recortes en sus salarios los ahorros de los hogares casi exhaustos, empeorando sensiblemente la cuesta de este enero por el que ya hemos empezado a transitar, pero sin idea de cuándo va a terminar.
Hace pocas semanas el presidente del Gobierno nos ha recordado que el año 2013 va a ser «un año muy duro». Pero a decir verdad, ya somos muchos los que, de una u otra forma, llevamos tiempo sufriendo esa dureza. Y cabe preguntarse, ¿cuántos políticos están pasando por esta situación?
Mientras las empresas cierran o reducen el número de trabajadores o sus salarios, los políticos no pierden sus puestos de trabajo y apenas han achicado su sueldo, si es que alguna vez lo han hecho. Es decir, para ellos la crisis es algo de la que mucho se habla, pero únicamente eso. No pretendo decir que no les preocupe, pero, desde luego, son muy pocos los que la palpan en carne propia.
Señor Rajoy, conforme, hay que cargar con las consecuencias de lo que se ha venido haciendo mal. Pero esa carga debe ser llevada entre todos y, para mayor justicia social, más por los que más tienen, y aún más por los que han sido responsables directos de ella. Además, permítame decirle, mientras el esfuerzo económico que el Estado impone a los ciudadanos no sea menor, más difícil será enderezar la economía del país.
Sobre todo si además de soportar las subidas que nos vapulean todos los años por estas fechas y de hacerlo con sueldos mermados –o reducidos al subsidio del paro– pretendemos, cumpliendo otra obligada cita de enero, como es equipar nuestros armarios acudiendo a las rebajas. O sea, la cuadratura del círculo. Pero así somos de contradictorios.
Y bien está que lo seamos, pues mantener a toda costa la normalidad en tiempos difíciles es un sano ejercicio para la salud del cuerpo y del espíritu, por no hablar de la mucha falta que le hace al comercio un buen resultado en las ofertas de invierno.
Por tanto, ojalá se cumplan nuestros buenos propósitos. Y, por favor, que sea pronto.
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