De cronistas y de cosinas
Vengo leyendo ininterrumpidamente y desde hace algo más de un mes diferentes expresiones para dispensar el apoyo humano a un conocido columnista de este diario en la figura de Cronista Oficial del municipio de Pravia, concretamente a Pepe Monteserín. Dicho sea de paso, añadiré que en cada una de las líneas de cada una de las columnas se vislumbra ese apetito amistoso del hombre que popular aspira a tan honroso cargo. Es cierto que quedé muy sorprendido al comprobar que un día una noticia negaba la anterior, porque de un autonombramiento se pasó a una simple pretensión al cargo, sin que ni siquiera se hubiese publicado decreto alguno en el BOPA. Valga como buena la crónica de este suceso.
Y como parece que esta figura no acaba de ser entendida, he aumentado mi interés en saber algo más, de manera que bebiendo de otras aguas quise conocer sobre las tareas de un cronista. Dicen que en él debe destacar entre todas las cosas su interés en trabajar sobre la historia, y por su labor en los estudios históricos sobre el pasado, en las crónicas del presente y en los proyectos para el futuro de la población representada, atendiendo con objetividad a cualquier dato histórico o acontecimiento local. A su vez debemos tener presente que el cronista representa el primer escalón de esa historia, que, aunada con la de los municipios colindantes, debe encajar perfectamente, formando el gran puzle de la historia del Principado, que a su vez tendrá su destino en la historia de España.
La proyección cultivada del pretendiente es esencial porque, si sólo se tratase de buscar a una persona que escriba mucho sobre un concejo, deberíamos nombrar como tales cronistas a todos los periodistas acreditados en aquellos territorios, sencillamente porque la realidad nos demuestra que son los que más escriben sobre nuestros pueblos.
En Pravia, tierra que conozco perfectamente y desde la infancia por mis abuelos, han querido premiar a un vecino y han tenido la brillante idea de sacar a la luz un puesto de cronista, sin darse cuenta que los premios, cuando los otorgan los ayuntamientos, se convierten en una figura que se define como hijo predilecto, aunque también existen las medallas de oro o plata, tal y como previene el Ayuntamiento de Oviedo, por poner un ejemplo.
Del otro pretendiente reparo que parece un completo desconocido. Porque frente al despliegue de medios de este periódico al que escribo, alzando a su trabajador, es determinante, por otro lado, el ocultismo de ese otro pretendiente a ocupar la plaza de Cronista de Pravia. Dicho sea de paso, diré que he tenido que atender al diario de su competencia para saber un poco más.
En realidad el otro, Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, a la sazón historiador, investigador, miembro de diferentes academias y conferenciante, no requiere mi aval. Según he leído, el director y el vicedirector de la Real Academia de la Historia le han dispensado su apoyo y al parecer han recomendado encarecidamente al Consistorio praviano para que sea atendida su petición y que se le nombre Cronista Oficial del municipio de Pravia. No obstante, si yo fuese el escritor, honrosamente atendería esa indicación. Aquellas cartas determinarían mi decisión de apartarme de inmediato, porque evidentemente no hay mayor respaldo para un puesto de historiador que el de tan alta institución académica.
Llegados a este punto donde cosinas y cronistas han llegado a confundirse, es cuando hay que tomar decisiones. Cosinas, cuando una persona es afable y popular, viaja mucho, ha sido vecino mío, colabora cuando le necesito y por todo eso creamos que es merecedor de un reconocimiento oficial, en suma, la decisión más acertada sería el nombramiento inmediato como hijo predilecto, medalla de oro o de plata e incluso una calle con su nombre. Cronista, en cambio, es aquel otro que lejos del populismo ocupa su tiempo de manera gratuita en entregar a la historia los relatos presentes y pasados, que se documenta y que para el caso, visto el decreto publicado en el BOPA, tiene un currículum ajustado al puesto que se quiere elegir.
Por todo, cierro estas líneas dando mi humilde apoyo al historiador, al investigador, al paleógrafo, a quien se reconoce como una de las personalidades más destacadas en la difusión del conocimiento histórico y heráldico del Principado de Asturias en la actualidad, lógicamente a quien respalda tanto la Real Academia de la Historia como también distintos cronistas oficiales de municipios vecinos, academias, archivos y un largo etcétera, pero también a quien ha sido objeto de un reconocimiento oficial por S. M. el Rey, por los sobresalientes méritos académicos y científicos, otorgándole la Cruz de la Orden de Isabel la Católica. ¿Quién da más?
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