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Carta a la señora consejera de Bienestar Social

30 de Enero del 2013 - María del Rosario González Carreño (Oviedo)

Es la segunda vez que envío una carta a este periódico. La anterior, hace unos 10 años, fue un escrito de agradecimiento a la sanidad pública asturiana, ya que diversas situaciones familiares nos llevaron a conocer y asistir durante largo tiempo a diversas unidades del Hospital Central de Oviedo y a conocer a profesionales estupendos. ¡A día de hoy sigo pensando lo mismo!

En esta ocasión me dirijo a la señora consejera de Bienestar Social del Principado de Asturias, doña Esther Díaz, en la confianza de que pueda leer con atención estas letras.

Mi hermano es usuario del CAI de Noreña, al cual acude desde hace quizá más de 20 años. A lo largo de todo este tiempo su estancia en el centro ha estado llena de buenas experiencias: ha conocido amigos y amigas, ha estado en talleres, se ha relacionado con otras personas adultas (todo el personal que allí trabaja y voluntariado). Siempre ha habido un trato exquisito por parte de todos los profesionales y cuando diversos problemas de salud hicieron mella en él, siempre hemos encontrado colaboración y ayuda en todos ellos.

Posiblemente, señora consejera, usted no sabrá lo que es para unos padres la zozobra y angustia de tener un hijo discapacitado, que al llegar a los 14 años no encuentran un lugar al que poder enviarlo para que se abra un futuro, para que pueda relacionarse con otras personas, para que tenga un nuevo horizonte en la vida, para que no quede aparcado en casa.

Hoy día, la situación ha cambiado, pero, doña Esther, le estoy hablando de hace más de 20 años, cuando los medios y oportunidades eran diferentes.

Después de un largo recorrido, mis padres entraron en contacto con Adepas, y cual regalo caído del cielo encontraron una respuesta a lo que tanto tiempo llevaban buscando.

Doña Esther, ¿conoce usted la historia de Adepas?

El lugar en el que se ubica el centro (CAI de Adepas) corresponde a las antiguas escuelas de la Fundación Rionda, que se inauguraron en el año 1916 gracias a una donación de Manuel Rionda Polledo y Pedro Alonso Bobes.

Posteriormente, la Fundación Rionda donó las instalaciones en el año 1965 a la Asociación Pro Ayuda a Deficientes Psíquicos (Adepas), condicionado a que estuvieran dedicadas a la labor de atender a los discapacitados. Desde entonces, el centro cuenta con programas en los que prima la integración.

¿Que hubo un error? Siempre lo hemos reconocido, pero la falta de un documento que pudo entregarse con posterioridad no puede acabar con tantos años de trabajo, esfuerzo, compromiso y lucha por los derechos de este colectivo. Tampoco puede acabar con un futuro que se espera sea más digno y justo para las personas con discapacidad intelectual.

También la Administración comete errores. ¿No ha sido un error que esa Consejería confunda la Asociación Adepas con otro colectivo? ¿Y qué me dice, señora consejera, de los retrasos en las subvenciones, teniendo las asociaciones que acometer con sus propios recursos los pagos a los trabajadores?

Doña Esther, como usted muy bien sabrá dado el cargo que ocupa, a las personas con discapacidad intelectual los cambios les producen un inmenso temor e inseguridad. Por ello no puedo entender la carta recibida en mi domicilio el día 27 de diciembre procedente del Servicio de Mayores y Discapacidad en la que textualmente se dice, entre otras cosas, «... Dado que a día de hoy no se tiene constancia de solicitud formulada por su parte para plaza de Centro de Apoyo a la Integración, le reitero que con fecha 31 de diciembre del corriente la Consejería de Bienestar Social y Vivienda no podrá continuar ofertando la plaza que usted venía disfrutando en el Centro de Apoyo a la Integración Adepas...». A fecha de hoy no sé cuál es la propuesta de la Consejería: oferta de nuevo centro, permanecer en casa por tiempo indeterminado...

Pero lo más curioso y sorprendente de ello es que en todo momento el escrito va dirigido a nombre del usuario, una persona con discapacidad psíquica, incapacitada judicialmente y de la que tengo yo la tutela legal.

Eso sí que es un error..., ¡un muy grave e inmenso error!

Pues bien, doña Esther, quizá ahora usted comprenda por qué la casi totalidad de las familias no estamos dispuestas a rendirnos:

-Porque deseamos que los usuarios del CAI sigan donde están, con sus amigos y amigas, con sus talleres...

-Porque deseamos que sigan al cargo de tan dignos y estupendos profesionales que tan bien les conocen y atienden.

-Porque nos parece injusto destruir una labor de 50 años.

Finalmente, señora consejera, como creo que usted es una persona sensible y con voluntad para resolver problemas, quiero pensar que, posiblemente, o bien usted no esté convenientemente asesorada o completamente informada de todo el proceso.

Quizá no se ha dado cuenta de las negativas repercusiones que tan drástica resolución puede acarrear sobre un colectivo tan vulnerable.

En la confianza de una pronta y adecuada respuesta favorable para la continuidad de la entidad Adepas, reciba un atento saludo.

María del Rosario González Carreño

Oviedo

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