Oscurecimiento geopolítico
Sobrevuelan la opinión pública eufemismos para reconocer que el canon democrático europeo no es exportable, cuando no debiera llevar a escándalo que la preservación de la libertad individual exija aplastar una tiranía aldeana. Es una simplificación geopolítica semejante a la reducción de la historia de las relaciones de la España y el Magreb del tiempo de Escipión al conflicto entre Roma y Cartago, aunque con más crédito que quien hoy se ofrece a la nueva mayoría popular pero hostiga diariamente a los vascos leales a la Constitución. Hoy se presenta la intervención en Malí y la crisis de Amenas como otro conflicto poscolonial de la "Francáfrica", oscureciendo -como la repugnante vibora etarra oscurece el espíritu liberal que se resiste al absolutismo soberanicida y medievalizante- la influencia que la región del Sahel tiene sobre países como Portugal, España o Italia. En forma de todo tipo de tráficos -desde personas que aspiran al norte europeo hasta sustancias psicotrópicas que han cruzado el Atlántico, y quizá expliquen el respaldo de la extrema izquierda vasca a las mezquitas bilbaínas-, del interés de numerosos países en los recursos naturales de la región y de la inevitable conexión con los procesos políticos de las "primaveras árabes". A través de organizaciones terroristas que pretenden imponer dictaduras teocráticas en toda la región, para recrear una situación parecida a la que vivió el Mediterráneo en la Baja Edad Media y el Renacimiento, que tan bien reflejan la destrucción cultural que las herejías musulmanas de Almohades y Almorávides provocaron dede Tombuctú a Toledo, o las guerras en las que tomó parte Miguel de Cervantes, y que tan bien emulan hoy los faisanes pacifistas, los loros chocolateros, los fantasmas soberanicidas y el fascismo racista que aquellos delatan en el decisionismo radical y el pactismo fiscal.
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