Brieves, la Venecia de Valdés
Venecia, bella ciudad compuesta por calles de agua, góndolas y parajes bucólicos, tiene su álter ego en el concejo de Valdés.
Pero aquí no vivimos del turismo ni tenemos góndolas, sino bolas de silo tapadas con plástico blanco circulando por las calles y campos cada vez que nos visita la ciclogénesis explosiva (nombre más parecido a un atentado yihadista que a una «turbonada»).
Siempre fuimos un pueblo golpeado por el agua, pero desde 2003, cuando una de las mayores riadas que se recuerda rompió muros y entró como Pedro por su casa dentro del pueblo, estamos expuestos día sí y día también al azote de las corrientes.
Aquel año, los vecinos levantaron el muro, pero la herida ya estaba hecha, y la la Confederación Hidrográfica, estamento censor y temido («no hagas eso que los de la Confederación te pueden multar por limpiar el río»), colaboró con la desidia habitual de un estamento público, lo que unido a una aldea con poco poder de decisión, a la sazón votos, supuso que nuestra situación no mejorase.
Llegado a este punto, hago una reflexión: un cargo publico o funcionario no debería ser una poltrona perenne, sino un puesto evaluable cada «x» años, ya que la perpetuación crea la desidia, y lo que necesitamos es gente útil, no dinosaurios que van a cumplir su horario de 8 a 3.
Pero volviendo a nuestra fluvial aldea, entiendo que las soluciones sean difíciles, que el presupuesto en este momento sea muy muy ajustado (cosa increíble en este concejo ante las construcciones, por ejemplo, de auditorios, muy necesarios ahora mismo), pero creo que se debería priorizar con el poco dinero que se tiene; ojo, no culpo al Ayuntamiento de esto si digo que su implicación es la misma que una comisión de investigación en un caso de corrupción, es decir, nula.
Lo que sí puedo decir es que luego vienen lamentos y visitas de gente que no sabe ni dónde está esto cuando pase una desgracia; si eso pasa, Dios no lo quiera, no quiero que ningún medrador o trepa venga a pasarme la mano por el hombro o a sujetar la pancarta (véase El Bao).
La solución pasa por el encauzamiento o la creación de barreras que protejan la parte baja del pueblo y los campos que ahora mismo se parecen más al desierto de Atacama que a unas veigas donde se da la mejor faba de Asturias. Por eso reclamo, perdón, mejor dicho, comento a los comedores con «puestín» que solucionen esto, porque si no van a tener que comer el potaje sin fabes.
En fin, la situación es ésta, para nosotros nada agradable y que se volverá a repetir en cuanto las nubes yihadistas vuelvan a cubrir a Brieves, «la Venecia de Valdés».
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