Gracias en nombre de Miranda
El año pasado, por estas fechas, todos me preguntabais: ¿qué tal Miranda? Algunos, conocedores de que mi padre estaba muriéndose, sólo me hacíais un gesto cariñoso.
La parroquia de San Francisco nos envía una reconfortante carta en la que nos invita a una celebración de aniversario de su fallecimiento el día 25 de este mes. Y de repente me doy cuenta de que ha pasado un año y aún no os he dado las gracias.
Gracias a muchas personas que nos hicieron la vida más fácil. Al equipo de cuidados paliativos domiciliarios, que ayudó a que mi padre pudiera ver cumplido su deseo de morir en su casa. Al equipo de su centro de salud Paulino Prieto, por su apoyo.
A las profesionales de la farmacia, por su diligencia. A Fernando, del estanco, por llevarle LA NUEVA ESPAÑA a casa. A Juan José, nuestro portero, y a nuestros vecinos, por echarnos una mano cuando hubo problemas de movilidad. A mis compañeras de trabajo y a las de mi hermana, que nos ayudasteis y consolasteis. A sus ex compañeros de trabajo, por trasladar el café del viernes, que seguíais tomando con él, a la cafetería más cercana a su casa cuando ya no podía desplazarse. A sus compañeros de partida en el Grano de Oro, a Flor y al resto de las chicas de la panadería Casa Lupe y, por último, a nuestra familia por sus visitas y cuidados.
Gracias a todos. Tejisteis una red que nos sostuvo y nos facilitó la despedida.
Bernardino Miranda estaba orgulloso de tener muchos y buenos amigos. Tenía toda la razón.
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