Un dudoso progreso
Empecinados cada día más en buscar el bienestar y la longevidad de las personas, ha llegado el momento del desequilibrio. El avance científico y tecnológico, ha sido capaz de estirar unos cuantos años la esperanza de vida del ser humano. Pero a la vez, lo ha invitado (en beneficio propio) a aprovechar más ese tiempo de esperanza en la propia satisfacción personal. Recorrer mundo y todo tipo de actividades ociosas es lo que se lleva. Los jóvenes ven la posibilidad de tener descendencia a medio o largo plazo. Pasado ese tiempo, los que deciden tener hijos, han entrado ya en la treintena larga, más cerca de la cuarentena, por lo que ya, solo tienen un hijo, o fallan los planes por otras cuestiones. Además del envejecimiento del planeta, el de sus habitantes lleva un ritmo más trepidante y decadente, pues la relación entre nuevos nacimientos está en desventaja en favor de la vejez.
La ciencia y la tecnología han progresado muy rápidamente en pocos años. Sí. Pero también ha perdido la batalla de la solidez que da la experiencia con el ordenado paso del tiempo. Muchos de los considerados progresos, han sido inversamente proporcionales al mantenimiento de sus necesidades básicas, como pueden ser, el deterioro de su propio hábitat y el de la salud mental en edades avanzadas.
En lo trascendental, el mundo sigue como hace millones de años.
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