¿Sirven de algo las bolsas de empleo o prácticas de las universidades?
Nunca me he parado a contar los euros que he esquilmado a mis padres en formación, pero se cuentan por miles. Tampoco he sumado el tiempo invertido o las ilusiones y ganas entregadas a la causa, pero seguro que se cuentan por millones. Horas y horas hincando el codo gratis para cubrir los dichosos créditos de libre o las horas de prácticum y después haciéndolo con el autoconvencimiento de que el que siembra recoge.
Pero se acabó el sembrar. O cosechar no es lo mío o la tierra es mucho más aciaga de lo que nos cuentan. No voy a defender el esfuerzo en el estudio, ni creo que hablar inglés, francés y alemán sea garantía de nada. Tampoco confío en que debes demostrar lo que vales antes de que te mejoren una oferta irrisoria de empleo. Al menos no pienso hacerlo hasta que las instituciones universitarias de las que hemos salido nos demuestren que nos respetan.
Necesito que me demuestren que no se suman a la moda de las bolsas de empleo resumiendo la última actualización de infojobs; que antes de firmar un convenio para una beca estudian a las empresas y su interés en el desarrollo de los recién titulados; que verifican que los puestos que desempeñan los becarios o alumnos en prácticas son de verdad interesantes, que les enseñan y ayudan a evolucionar más allá de lo que supone cambiar el tóner de la fotocopiadora; que investigan que ninguna empresa lleve años cubriendo un mismo puesto de trabajo sólo con becarios, no dando opciones reales de contratación y aprovechándose de la situación límite actual. Es su obligación moral y legal.
Siempre he creído que debemos hacer lo que sea para trabajar. A veces toca hacer cosas que nos gustan y a veces no, trabajos que tienen que ver directamente con nuestra formación o no, pero que todo suma (o bien suma dinero, o bien experiencia para llegar donde queremos llegar, o las dos cosas). Sin embargo hoy, desde la bolsa de empleo de la escuela universitaria donde estudié, nos han mandado una oferta de empleo para trabajar como asador de pollos en Alemania (furgoneta con un pollo asado bien grande en el techo y entre las cualidades del candidato tener predisposición física al calor del asador). Al principio me reí (literalmente a carcajadas). Ahora ya no me río tanto. Y no, no creo que debamos hacer lo que sea, al menos no cuando se propone desde un entorno universitario.
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