Funcionarios de conveniencia
En esta España de nuestros días los funcionarios se han convertido en la principal cantera de los partidos políticos. Entre otras prerrogativas tienen garantizada la vuelta a su anterior empleo y en mejores condiciones laborales y económicas. Durante el ejercicio de la actividad política perciben, además, la antigüedad en el cargo que oupaban en la Administración. La conservación de la antigüedad es un privilegio exclusivo de dichos funcionarios.
El empleado público que se pasa a la política cuando la abandona --si es que eso se produce-- vuelve con las condiciones económicas más elevadas de la carrera administrativa. Y si es nombrado secretario de Estado o director general, no volverá a su anterior empleo ni con las mismas condiciones económicas; mantendrá las inherentes al cargo que ha desempeñado. O sea, toda una bicoca.
Viene esto a colación por las actuaciones que ha tenido últimamente la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que sin entrar en disquisiciones de calado, sí debería hacernos reflexionar sobre el uso y abuso que muchos funcionarios hacen del derecho a la excedencia en la Administración del Estado.
Concretamente esta señora, como bien es sabido, recientemente se ha incorporado a un puesto de trabajo que abandonó hace 29 años y tan solo lo mantuvo a finales de 2012 tres meses escasos; un tiempo totalmente ocioso e improductivo teniendo en cuenta que se la ha visto en horario laboral durante algunas jornadas, por ejemplo, en actos programados del PP o en torneos de golf.
Y, posiblemente, entre los efectos negativos de éste rápido ir y venir, un empleado público interino que ha estado desempeñando a conciencia la plaza de la señora Aguirre durante casi tres décadas, de un día para otro, pudiera haber perdido su ocupación laboral. Y todo ello porque la ex presidenta de Madrid recuperara esa plaza conseguida por oposición y que, al parecer, tanto le apetecía volver a ocupar. "Es lo mío", dijo al final.
Íten más. El mismo día en que Esperanza Aguirre anunció su dimisión (17 de septiembre), el ministro José Manuel Soria la telefoneó para poner a su disposición la vacante que, como funcionaria del Estado le corresponde en Turespaña (Instituto de Turismo del Estado). Tan solo dos semanas después, el 8 de octubre, se reestrenó aunque su puesto y cometidos no han sido los de una funcionaria dedicada a las labores burocráticas al uso. Aguirre llegó para asesorar a la secretaria de Estado de Turismo, mas su despacho lo ubicaron en el Paseo de la Castellana en la misma sede del Ministerio, a pocos metros del que ocupa el ministro Soria.
Esperanza Aguirre con esta actuación realiza una práctica cada vez más común entre la clase política: ex presidentes, ex ministros o ex altos cargos fichando por grandes empresas privadas cuando dejan de ser representantes públicos. Desde que anunciase repentinamente que dimitía y cedía la comunidad de Madrid a su delfín, Ignacio González, la lideresa popular abandonó su puesto de funcionaria tras aceptar la oferta económica que le ha puesto sobre la mesa la firma especialista en recursos humanos "Seelinger & Conde". Un relevante puesto, presidir el Consejo Asesor de un grupo de sociedades dedicado a buscar talentos y que en el Partido Popular consideran compatible con la presidencia del PP en Madrid.
Esperanza Aguirre se va pero sale inmaculada camino del negocio privado por la vía del intermedio administrativo público, echándose en brazos del mercado cuyo regazo sabe a caramelo.
Por favor, seamos serios. No se puede permitir este uso más o menos caprichoso que algunos funcionarios hacen de la Administración pública, como ocurre frecuentemente con un sinfín de personajes que pasan a ocupar cargos con vinculación política, y que utilizan el momio oficial como colchón amortiguador durante las interrupciones que se producen entre puestazo y puestazo.
Casos como éste de la señora Aguirre, que en solo 90 días en activo ha vuelto a solicitar nueva excedencia, y por consiguiente seguirá acumulando trienios por antigüedad, llevan a la ciudadanía a renegar de un colectivo de trabajadores --aunque sin tan buena estrella-- compuesto en su mayoría por pesonas muy íntegras: el de los funcionarios.
Por eso un dirigente de la izquierda no oficial, tiene mucha razón cuando dice que hay una puerta giratoria entre lo público y lo privado. Y por lo que se ve, sí existe.
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