El cliente no siempre tiene razón
Es famosa la frase de "el cliente siempre tiene la razón", pero parece ser que eso no siempre ocurre si el cliente no está a la altura del local o eso es lo que he experimentado recientemente. Todo ocurrió una noche de sábado en que fuimos (con un menú cerrado y pagado con antelación) a un restaurante gijonés del que se dice que tiene buena comida y excelente trato. El caso es que el recepcionista cometió un error con nuestra reserva y en lugar de intentar solucionarlo con la elegancia que promulgan, cuando le preguntamos cuál es el problema nos contesta de malas formas que nos tranquilicemos puesto que estamos en una casa seria y nos recuerda que nuestra reserva era para las 22 y que todavía son las 21:55. Y es que, ignorante de mi, resulta que en los lugares de tanta categoría lo correcto debe ser llegar tarde y no llegar puntuales o incluso con 5 minutos de antelación. ¡Qué desfachatez la nuestra apareciendo tan pronto!
Finalmente aparece el dueño del local que lejos de preguntarnos qué ocurría y tratar de apaciguar las cosas, nos menosprecia diciendo que ese lugar se queda grande para nosotros y que, por si no lo sabíamos, no estábamos en una taberna, sino en un local fuera de nuestra posibilidades. Y me pregunto yo: ¿sería que este local estaba fuera de nuestras posibilidades porque somos gente educada? Lo cierto es que finalmente yo fui una de las personas que decidió sentarse a la mesa y no continuar esperando que gente de tanta categoría reconociese con humildad su error. Su respuesta: cogerme el abrigo y del brazo para que abandonase su negocio y llamar a la policía por negarnos a abandonar el local sin que nos dejasen poner una hoja de reclamaciones. Nuestra respuesta: irnos a cenar a uno de esos lugares que según algunos no tienen tanta categoría, pero que a mi parecer merecen un 10. Un 10 porque hacen sentir al cliente como en casa, porque no se creen mejor que nadie y porque te abren su casa a la hora que sea y si hay algún problema te hacen esperar con un culín de sidra en la mano.Gracias a todos los hosteleros y personas que trabajan de cara al público por tener una sonrisa siempre dispuesta a recibir a sus clientes (aunque a veces les demos un poco la lata).
Sin embargo, a los que creen que los perros fumadores que decoran su local se merecen más respeto que sus clientes, les digo: conmigo no cuenten, ustedes si que no están a mi altura.
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